Opinión #FranciscoJavierGonzález | 5-Noviembre-2026

 

Buen viaje, querido Carlos

Francisco Javier González EN REFORMA

05 noviembre 2026


Era una especie de Quijote.


Seguramente no siempre tuvo la razón porque nadie la tiene, pero defendió la suya a costa de sus propios intereses.

Carlos Albert se despidió de este mundo sin que lo hubieran callado y con un legado que no se hizo sólido por apatía de aquellos a los que quiso defender.

Por una disputa laboral con el Necaxa, decidió primero entablar una demanda y después organizar un sindicato que defendiera los derechos de los futbolistas, dado el entonces nuevo capítulo de la Ley federal del trabajo que les amparaba.
La reacción fue fulminante. En 1971, a los 28 años, fue despedido del equipo rojiblanco y vetado para el futbol. El involuntario retiro no pasó la estafeta a nadie. El clavo ardió tanto, que nadie se atrevió a tomarlo.

Los futbolistas se quedaron sin voz y nunca más la recuperaron. "Para ustedes los periodistas es más fácil que para nosotros hablar de todo lo que se tiene que hacer para mejorar el futbol mexicano", declaró hace unas semanas Diego Reyes al programa Línea de 4 de TUDN.

Carlos, de buen porte, se dedicó entonces a modelar. Fue contratado por una conocida marca de trajes de baño entre otras, mientras retomaba rumbo profesional como comentarista deportivo a invitación de José Ramón Fernández en Canal 13. Lo recuerdo en la expedición de la entonces televisora estatal para cubrir el Mundial de Argentina en 1978.

No le fue simpático a todo mundo. Cuando se trataba de hacer escuchar su voz polémica y contestataria, era capaz de encender las más poderosas polémicas.

Cuando se privatizó Imevisión se enfrentó a aguas más turbulentas.

La agenda de los nuevos propietarios, dueños también del Veracruz y el Morelia, estableció un conflicto de intereses que no aceptaba críticas. Albert terminó saliendo de la empresa en un momento muy difícil para quienes en ese tiempo éramos sus compañeros. Nuestro jefe, José Ramón, trataba de mantener un equilibrio que no siempre logró. También sufrió las presiones de las autoridades de la empresa. Testigos preocupados fuimos varios.

Sin micrófono, Carlos fue siempre afable, buen compañero, incomparable anfitrión y consejero de quienes empezábamos a andar el camino.

Narré a su lado mi primer partido en televisión. Fue en Guadalajara. Pese a mi experiencia de años en la radio, estaba muy nervioso y Carlos me tranquilizó. Me dijo que él estaría a mi lado, que yo lo sabía hacer muy bien y me llevó a un espléndido restaurante en la Avenida Niños Héroes llamado El Delfín Sonriente, desaparecido hace ya algunos años. También es ahora parte de los recuerdos que alegran la vida.

De Carlos Albert puedo hablar de lo que me tocó a mí. No siempre concordamos, pero siempre existió un gran respeto y cariño.

Nos dimos el último abrazo en un desayuno que organizó su familia cuando se retiró de los medios, aquejado por algunos problemas de salud que se agravarían pronto.

Se fue con sus convicciones a otra dimensión. Y con el honor de que nunca bajó la voz. Eso no iba con él.

 
X: @FJG_TD

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