Opinión #DavidFaitelson | 1-Septiembre-2026

 

Messi: amores y desamores

David Faitelson EN REFORMA

01 septiembre 2026


Si solo pudiésemos detener el tiempo, aquel atardecer lleno de sol del 19 de julio a las afueras de Nueva York, jamás hubiese existido...


Sentado ahí, en el césped, la mirada perdida, los sollozos, las lágrimas. Mientras a su espalda, se escuchaba el bullicio de los festejos de la Selección española, él lo tenía en la mente... Le daba vueltas y vueltas al asunto. ¿Lo hago? ¿Ya es suficiente? ¿Hasta aquí llegué? Todo era borroso. Era como con un callejón sin salida. Y, quizá, cuando encontró un momento de lucidez se dijo a sí mismo: "Es algo que debo decidir con mi padre".

Veinte días después, la decisión se transformaba en definitiva mientras en Rosario sepultaba a Jorge, su padre y el mentor de su carrera.

Lionel Messi ha aprovechado un lunes cualquiera para anunciar que sus días de gloria vestido en la camiseta albiceleste han terminado. Un mensaje en redes sociales, que él dice haber escrito el 21 de julio, da por terminada una de las relaciones más fructíferas y estremecedoras en la historia del juego.
Messi deja números, estadísticas y trofeos, muchos trofeos, para la posteridad. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que reescribió la historia de la Selección argentina cuando eso, en algún momento, parecía imposible. Y ese es, tal vez, el legado más trascendente de su carrera representado a la Argentina: la forma en que tuvo que sortear los desamores de un pueblo que la reclamaba, juzgaba y lo comparaba irremediablemente con Diego Armando Maradona.

Messi se sobrepuso. También ganó esa batalla, porque entendió que en esa competencia, en ese reto de ponerse al nivel de Diego, era necesario anteponer el corazón por encima de las piernas. Y lo hizo, a su manera, luchando contra su propia personalidad, sin ser el Diego forzado, pero siendo un futbolista que comunicaba a la tribuna. El aficionado argentino lo entendió, lo perdonó por la frivolidad de antaño y le mostró el camino de cómo podía convertirse en ídolo albiceleste.

Ese amor y desamor entre Messi y Argentina comenzó muy temprano, desde que estaba en las formativas del Barcelona y la Selección española le ofreció la posibilidad de jugar para ellos. Él no dudó.

"La Selección me enseñó a caer y a levantarme y a buscar mis sueños", dijo Messi en un emotivo video colocado en sus redes sociales.

Y, en efecto, se sobrepuso al fracaso del 2014 en Maracaná cuando toda la Argentina esperaba coronarse en territorio del archirrival y luego de aquella serie de penaltis fatídica ante Chile en la Final de la Copa América del Centenario del 2016 en el Estadio de Nueva Jersey. Ahí mismo, en la zona mixta, se había retirado por primera vez de la Selección argentina.

El nivel de Messi, 39 años, en los últimos meses dista mucho de ser un futbolista en declive. Fue fundamental en la voltereta sobre Inglaterra en Atlanta durante las Semifinales de la Copa Mundial. Apenas el fin de semana, encabezó con cuatro tantos la goleada de su club, el Inter Miami, sobre el Montreal Impact por la MLS. La crítica suponía que, dado lo que atestiguamos en la cancha, iba a postergar su despedida al menos por dos años más.

Competir contra Maradona, considerado un semidios extraterrenal involucrado en la propia cultura popular argentina, parecía una misión imposible. Messi lo logró, con sus virtudes y defectos y con y contra su personalidad. Hoy, el aficionado argentino parece sorprendido y confundido cuando se le pregunta cuál de los dos ha sido el mejor.

Messi cierra todo un ciclo y lo hace con una frase que invade el corazón de cualquier argentino: "Gracias a Dios por hacerme argentino"...

 
X: @DavidFaitelson_

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