Opinión #ArturoBrizio | 07 -Agosto-2026
¡Il Grande Capitano!
Arturo Brizio EN REFORMA
07 agosto 2026
En el año de 1992 sucedieron cosas en mi carrera como árbitro que lo hicieron inolvidable.
El 7 de junio, fungí como central en la Gran Final del torneo mexicano de Primera División, todavía en el formato de todos contra todos, a dos vueltas y Liguilla, entre el León y el Puebla, jugado en la ciudad cuerera, con triunfo de La Fiera en tiempo extra.
Como parte del proceso en busca de un lugar para el Mundial de Estados Unidos 94, fui convocado a los Juegos Olímpicos, que tendrían lugar en Barcelona, del 25 de julio al 9 de agosto de ese 1992. Se jugaba con 16 equipos, divididos en 4 Grupos.
Pité 4 partidos, a saber: Colombia vs Qatar, Italia ante Kuwait, esto en Primera Fase. Luego en Cuartos, Suecia contra Australia y la Semifinal, jugada en Valencia, enfrentando a España y Ghana.
Como parte del proceso en busca de un lugar para el Mundial de Estados Unidos 94, fui convocado a los Juegos Olímpicos, que tendrían lugar en Barcelona, del 25 de julio al 9 de agosto de ese 1992. Se jugaba con 16 equipos, divididos en 4 Grupos.
Pité 4 partidos, a saber: Colombia vs Qatar, Italia ante Kuwait, esto en Primera Fase. Luego en Cuartos, Suecia contra Australia y la Semifinal, jugada en Valencia, enfrentando a España y Ghana.
La Furia Roja se alzaría posteriormente con la medalla de oro y contaba entre sus filas, nada más como botón de muestra, a Pep Guardiola y a Luís Enrique.
Luego de los Juegos, la FIFA emprendió un ambicioso programa de intercambio arbitral entre las distintas Confederaciones.
La razón era simple: si en los grandes torneos se va a buscar la neutralidad continental, pues bueno sería que otro estilo de pitar se viera en las Eliminatorias.
De esa manera y gracias a la actuación en los Olímpicos, tuve el honor de ser el primer juez en inaugurar dicho intercambio.
El 14 de octubre salté a la cancha del mítico Estadio de Wembley para dirigir el encuentro entre Inglaterra y Noruega.
Regreso el reloj al mes de junio, ya que posterior a la Final del campeonato mexicano, recibí una designación proveniente de la Concacaf, para un juego amistoso que tendría verificativo en Vancouver, Canadá.
Con motivo de los 500 años del descubrimiento de América, se hizo una gira por Estados Unidos y el país de la Hoja de Maple de dos tremendas escuadras europeas: el Milán y el Porto.
Se jugó el sábado 13 de junio en el "Varsity Stadium", ante un lleno impresionante.
Los traigo a cuenta porque, en un cuadro rossonero, plagado de figuras, estaba el capitán Franco Baressi, fallecido la semana pasada, a la temprana edad de 66 años.
Baressi es quizá, el jugador más elegante y de mayor personalidad al que me tocó ver en un terreno de juego.
No tenía un físico imponente ni algo parecido, pero su sentido del juego, de anticipación, técnica individual y un aura de ganador, que lo destacaban del resto.
Un apretón de manos al volado y un "grazie" al final del juego fueron nuestra interacción, dejando imperecedero en mi memoria, a ese caballeroso futbolista que, comenté alguna vez, podría jugar vestido de smoking, sin ensuciarlo.
En la Copa del Mundo del 94 dirigí a Italia, pero Franco no jugó al haberse lesionado. Se sometió a una cirugía en pleno torneo y reapareció en la Gran Final ante Brasil.
Dramática la imagen de este hombre, de hinojos con las manos cubriendo el rostro, tras fallar su disparo en la serie de penales.
Le digo, hasta siempre a... ¡Il Grande Capitano!
X: @arturobrizioc
Luego de los Juegos, la FIFA emprendió un ambicioso programa de intercambio arbitral entre las distintas Confederaciones.
La razón era simple: si en los grandes torneos se va a buscar la neutralidad continental, pues bueno sería que otro estilo de pitar se viera en las Eliminatorias.
De esa manera y gracias a la actuación en los Olímpicos, tuve el honor de ser el primer juez en inaugurar dicho intercambio.
El 14 de octubre salté a la cancha del mítico Estadio de Wembley para dirigir el encuentro entre Inglaterra y Noruega.
Regreso el reloj al mes de junio, ya que posterior a la Final del campeonato mexicano, recibí una designación proveniente de la Concacaf, para un juego amistoso que tendría verificativo en Vancouver, Canadá.
Con motivo de los 500 años del descubrimiento de América, se hizo una gira por Estados Unidos y el país de la Hoja de Maple de dos tremendas escuadras europeas: el Milán y el Porto.
Se jugó el sábado 13 de junio en el "Varsity Stadium", ante un lleno impresionante.
Los traigo a cuenta porque, en un cuadro rossonero, plagado de figuras, estaba el capitán Franco Baressi, fallecido la semana pasada, a la temprana edad de 66 años.
Baressi es quizá, el jugador más elegante y de mayor personalidad al que me tocó ver en un terreno de juego.
No tenía un físico imponente ni algo parecido, pero su sentido del juego, de anticipación, técnica individual y un aura de ganador, que lo destacaban del resto.
Un apretón de manos al volado y un "grazie" al final del juego fueron nuestra interacción, dejando imperecedero en mi memoria, a ese caballeroso futbolista que, comenté alguna vez, podría jugar vestido de smoking, sin ensuciarlo.
En la Copa del Mundo del 94 dirigí a Italia, pero Franco no jugó al haberse lesionado. Se sometió a una cirugía en pleno torneo y reapareció en la Gran Final ante Brasil.
Dramática la imagen de este hombre, de hinojos con las manos cubriendo el rostro, tras fallar su disparo en la serie de penales.
Le digo, hasta siempre a... ¡Il Grande Capitano!
X: @arturobrizioc
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