Opinión #FranciscoJavierGonzález | 16-Julio-2026
Filias y fobias argentinas
Francisco Javier González EN REFORMA
16 julio 2026
Si no te has enamorado de Argentina, al menos debes estar en trance con su futbol.
Es irresistible no admirar la capacidad de un equipo para luchar con tanta determinación hasta que el árbitro pita el final.
Sus anteriores demostraciones en ese sentido fueron contra Cabo Verde y Egipto, pero la de ayer fue ante una de las Selecciones que viven en el olimpo del futbol. Y Argentina lo volvió a hacer.
De nuevo remontó en los últimos siete minutos del partido. Con un golazo de Enzo Fernández que recurrió, contra un equipo encerrado en su área, a algo que México no intentó contra los propios ingleses: el disparo de larga distancia.
Sus anteriores demostraciones en ese sentido fueron contra Cabo Verde y Egipto, pero la de ayer fue ante una de las Selecciones que viven en el olimpo del futbol. Y Argentina lo volvió a hacer.
De nuevo remontó en los últimos siete minutos del partido. Con un golazo de Enzo Fernández que recurrió, contra un equipo encerrado en su área, a algo que México no intentó contra los propios ingleses: el disparo de larga distancia.
Si Pickford había realizado ya tres atajadas antológicas, en esta ocasión era imposible llegar a detener tal fogonazo.
Los ingleses, pasmados, carecieron de reacción. Habían hecho cambios para defenderse y parte de la penitencia fue esa: ya no había ni tiempo ni velocistas que al menos acercaran algún peligro a la puerta de "Dibu" Martínez, otro de los líderes indiscutibles de la Albiceleste.
El silbatazo final hizo explotar la histeria. El estadio de Atlanta fue envuelto por un rugido que se extendió por varias horas. Además de las cualidades del equipo, vale la pena analizar si ese apoyo incondicional de sus seguidores es lo que le da el aliento suficiente para no caer. En la multitudinaria afición argentina no cabe el abucheo, el grito homofóbico o el silbido al rival. Canta hasta que se le terminan los pulmones, salta sin parar y tiene el foco en la bendita acción de amar a sus ídolos sin restricciones.
El futbol desata tantas cosas, que gente de un lado y de otro a veces se divide, se insulta, se desacredita. Fuera de que eso no debería suceder -"sólo es un partido de futbol", recordó Scaloni-, menos necesita suponer que son los países completos que se involucran en ello. Los políticos y comentaristas que quieren volver a estar de moda son capaces de cualquier despropósito y prenden fuegos donde no es admisible.
Hay quien no simpatiza con los argentinos. O con los españoles, o con los ingleses y franceses. Seguramente por generalizar, por ideas falsas o porque sí. Pero aun en ese caso, es un desperdicio no disfrutar y aplaudir lo que Argentina, con los últimos aromas de Messi, es capaz de hacer. Representa un ejemplo de mentalidad, amor a la camiseta, calidad y solidaridad.
Inglaterra perdió una gran oportunidad al guarecerse en su área teniendo tantos jugadores de excelencia en la cancha y en la banca. Su entrenador decidió resistir y pese a su gran pecado, negó haberse equivocado. Su equipo, devastado, no habrá estado de acuerdo con él, con sus cambios, con su actitud timorata. Pero tampoco alguno de ellos decidió salirse de la norma y reclamar tal postura suicida.
Tanto Argentina como España han llegado con amplios méritos a la gran Final del domingo gracias también a un gran valor: jamás renunciaron a sus convicciones.
X: @FJG_TD
Los ingleses, pasmados, carecieron de reacción. Habían hecho cambios para defenderse y parte de la penitencia fue esa: ya no había ni tiempo ni velocistas que al menos acercaran algún peligro a la puerta de "Dibu" Martínez, otro de los líderes indiscutibles de la Albiceleste.
El silbatazo final hizo explotar la histeria. El estadio de Atlanta fue envuelto por un rugido que se extendió por varias horas. Además de las cualidades del equipo, vale la pena analizar si ese apoyo incondicional de sus seguidores es lo que le da el aliento suficiente para no caer. En la multitudinaria afición argentina no cabe el abucheo, el grito homofóbico o el silbido al rival. Canta hasta que se le terminan los pulmones, salta sin parar y tiene el foco en la bendita acción de amar a sus ídolos sin restricciones.
El futbol desata tantas cosas, que gente de un lado y de otro a veces se divide, se insulta, se desacredita. Fuera de que eso no debería suceder -"sólo es un partido de futbol", recordó Scaloni-, menos necesita suponer que son los países completos que se involucran en ello. Los políticos y comentaristas que quieren volver a estar de moda son capaces de cualquier despropósito y prenden fuegos donde no es admisible.
Hay quien no simpatiza con los argentinos. O con los españoles, o con los ingleses y franceses. Seguramente por generalizar, por ideas falsas o porque sí. Pero aun en ese caso, es un desperdicio no disfrutar y aplaudir lo que Argentina, con los últimos aromas de Messi, es capaz de hacer. Representa un ejemplo de mentalidad, amor a la camiseta, calidad y solidaridad.
Inglaterra perdió una gran oportunidad al guarecerse en su área teniendo tantos jugadores de excelencia en la cancha y en la banca. Su entrenador decidió resistir y pese a su gran pecado, negó haberse equivocado. Su equipo, devastado, no habrá estado de acuerdo con él, con sus cambios, con su actitud timorata. Pero tampoco alguno de ellos decidió salirse de la norma y reclamar tal postura suicida.
Tanto Argentina como España han llegado con amplios méritos a la gran Final del domingo gracias también a un gran valor: jamás renunciaron a sus convicciones.
X: @FJG_TD
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