Opinión #DavidFaitelson | 31-Julio-2026

 

Adiós romanticismo...

David Faitelson EN REFORMA

31 julio 2026


Muchas cosas en la vida, además del deporte, han perdido, con el paso del tiempo, una esencia romántica, clásica o pura.


Siempre he pensado que lo "más sano" sería mantener el negocio lo más lejos posible de la cancha. Eso parece cada vez más complejo y, por momentos, hasta imposible.

Gianni Infantino quiere vender el Mundial a la iniciativa privada y desaparecer, de una vez y para siempre, eso de que la FIFA es un organismo "non profit". Lo cual ha sido una gran mentira. Hace tiempo que la FIFA ha convertido al futbol en un gran y voraz negocio.

¿Cuál sería la diferencia está vez? No lo sé, quizá habría que leer las letras pequeñas del contrato que Infantino pretende que firmen cada una de las 211 Federaciones afiliadas.
No lo veo como algo diferente a lo que sucede actualmente: ¿Qué acaso Coca Cola, Visa, Hyundai o McDonalds no tienen una injerencia casi directa en la organización de un Mundial? Claro que la tienen. Su voz y "recomendaciones" son parte inherente del evento.

La gran cuestión sigue siendo hasta dónde permitirán la FIFA e Infantino que los poderosos fondos de inversión controlen o manipulen el futbol de acuerdo con sus propios beneficios. Pero, tampoco es algo que no hayamos visto en la última época.

¿Elevar el número de Selecciones participantes en la Copa, instaurar las pausas de hidratación, cambiar las reglas para hacer del juego una mayor atracción en la televisión? No me digan que eso significa conservar la pureza del juego porque, definitivamente, no lo es.

No nos demos golpes de pecho. El Mundial demostró este verano el gran poder que significa y el margen de crecimiento que aún tiene.

Infantino, quien entre muchas virtudes y defectos también ostenta la de un visionario, se ha dado cuenta que no tiene por qué detenerse en este momento y que tiene en sus manos un negocio todavía más lucrativo de lo que ha sido.

El tema es que esas decisiones no lleguen a tergiversar el sentido común del juego y que en esas decisiones económicas terminen atropellando todos los sentidos deportivos. El reto no será sencillo y si, intrigante, preocupante y desafiante, porque si el balón corre en la misma dirección del dinero, podríamos ser testigos de un deterioro peligroso.

Hace algunos meses, vivimos una situación similar en el futbol mexicano y hubo equipos y grupos que se opusieron a dar ese paso, la mayoría de ellos -si no es que todos- no lo hicieron por proteger los sentidos más delicados o sagrados de la competencia, si no por defender intereses particulares y esconder información que temían se hiciera pública.

Esos mismos "puritanos" que no tuvieron ni compasión ni moral para acabar en su Liga con el ascenso y el descenso en aras de proteger su patrimonio. ¿Esos, en serio, tienen la vergüenza de indignarse y hasta ofenderse ante la propuesta de la FIFA?

El futbol, como lo conocimos, ya no existe ni existirá más. Podemos satanizar a Infantino por algunas decisiones -lo de Irán durante el Mundial, el premio a Trump, la sanción de Balogun- y otras cosas más, pero no podemos negar que el aumento de Selecciones -su decisión más controversial- terminó resultando en el mejor Mundial de la historia.

Todos los grandes negocios de nuestros tiempos sueñan con alcanzar los impactos económicos de inversiones internacionales.

El futbol es un éxito y seguirá siéndolo porque más allá del juego -cuyo resultado es tan burdo como ganar o perder- involucra orgullo y sentimiento. Aquella idea de que juega la representación futbolística del país se ha quedado varada en el tiempo.

Hoy, los aficionados creen que su Selección se juega el orgullo y el valor de su pueblo cuando enfrenta el campeonato mundial.

A eso hemos llegado o a eso nos ha llevado la FIFA, cuando entona los himnos y genera lágrimas y expresiones profundas en las personas.

La FIFA vende fe, esperanza e ilusiones. Sus únicos "competidores" podrían ser El Vaticano, La Meca, Mahabodhi o Jerusalén. El asunto es que esos "competidores" no pueden vender papas fritas, cervezas, refresco de cola o tarjetas de crédito.

 
 
X: @DavidFaitelson_

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