Opinión #DavidFaitelson | 28-Julio-2026
El camino para Champs Elysee...
David Faitelson EN REFORMA
28 julio 2026
Las preguntas de siempre en el deporte mexicano: ¿Cuántos "Isaacs del Toro" habrá escondidos en las llanuras, montañas, mares, ciudades, pueblos, rancherías? ¿Cuántos con sus aptitudes, carácter y personalidad? ¿Por qué tuvimos que esperar casi tres décadas para volver a tener un ciclista en la élite? ¿Por qué? ¿Falta promoción? ¿Las autoridades no hacen su trabajo? ¿Es un asunto de presupuesto? ¿Dónde está la respuesta correcta?
La única realidad es que el domingo vi con mis propios ojos cómo un ciclista mexicano levantaba los brazos en Champs Elysee en un histórico tercer lugar en el Tour de Francia.
Hay dos explicaciones al surgimiento de Del Toro. La primera corresponde a la Comisión Nacional del Deporte, por voz de su propio presidente -Rommel Pacheco-, quien asegura que fue producto de las Olimpiadas Nacionales Juveniles, el "arma" más poderosa del organismo para detectar talento.
La otra versión apunta a la iniciativa privada (el grupo financiero Monex), que ha integrado un equipo profesional en Europa que lleva jóvenes a sus filas y los promueve con los grandes del World Tour. Yo creo que Isaac se creó gracias a una combinación entre ambas iniciativas.
Hay dos explicaciones al surgimiento de Del Toro. La primera corresponde a la Comisión Nacional del Deporte, por voz de su propio presidente -Rommel Pacheco-, quien asegura que fue producto de las Olimpiadas Nacionales Juveniles, el "arma" más poderosa del organismo para detectar talento.
La otra versión apunta a la iniciativa privada (el grupo financiero Monex), que ha integrado un equipo profesional en Europa que lleva jóvenes a sus filas y los promueve con los grandes del World Tour. Yo creo que Isaac se creó gracias a una combinación entre ambas iniciativas.
Del Toro podría ser el mejor ejemplo de cómo debería funcionar el "sistema" del deporte mexicano. Lo que sucede es que esa "sociedad" virtuosa -Gobierno, es decir, dineros de nuestros impuestos y la iniciativa privada- se pierde en personas que no saben tomar decisiones, en la desidia, el desorden y la corrupción.
Una muestra de eso es cómo se ha conducido por décadas la Federación Mexicana de Ciclismo. Primero, anquilosada en el tiempo, un coto de poder para generar negocios y cuidar intereses particulares, donde el atleta pasa a segundo término. Y, así, otros ejemplos en diferentes especialidades.
El resultado de todo ello se significa en que un personaje como Del Toro, uno, otro verdadero milagro de la naturaleza deportiva mexicana, donde además se confirma la regla: no es un asunto de talento. Es un tema de oportunidades, desarrollo, paciencia, conocimiento e inversión.
Hace poco más de 3 décadas, antes de los Juegos Olímpicos de Seúl, el entonces Presidente electo, Carlos Salinas de Gortari, impulsado por las esencias del neoliberalismo, llamó a su oficina a Raúl González, legendario marchista mexicano, y le dijo: "Vamos a cambiar el deporte mexicano".
De ahí surgió la CONADE, que se convertía en un organismo paraestatal bajo el auspicio de la Secretaría de Educación. Ese paso le restaba poder al oligarca presidente del Comité Olímpico Mexicano, Mario Vázquez Raña, quien también controlaba a las federaciones deportivas -a través de la Codeme-. Esa reestructuración debía ser "el restart", "el switch off" que tanto necesitaba el deporte. Al principio, pareció funcionar, pero luego se tergiversó todo.
Recuerdo que Raúl González, inteligentemente, entendió que el deporte cambiaba, que el amateurismo se iba a la basura; que se requerían grandes inversiones y que, en un país como México, en el despertar de la democracia y una politización absoluta, había que hallar métodos para asegurar que fluyera el dinero para el desarrollo del deportista.
Creó o copió un sistema que funcionó en España de cara a los JO de 1992, donde la iniciativa privada -a través de empresas y un fideicomiso- participaba en el fomento al deporte. También eso se desvirtuó y se quedó en el camino.
En nuestro país, el Gobierno tiene muchas prioridades más allá de invertir en el deporte. Necesitamos que esa combinación, esa fórmula que logró llevar a Champs Elysee al "Torito", funcione de una manera más ordenada y clara.
El Gobierno (Conade) debe apoyar el deporte y, en efecto, las olimpiadas infantiles y juveniles son un modelo del éxito, pero luego necesitamos un "personaje" moral como lo fue Monex para que ese atleta reciba los recursos para competir, foguearse y mostrarse en el mejor nivel.
No hay otra manera de llevar nuestro sistema deportivo al siguiente nivel. Debe ser un esfuerzo común. Estoy seguro de que hay más talentos como Isaac en los desiertos del norte, el macizo montañoso del sureste o en las llanuras selváticas del sur. Hay que detectarlos, impulsarlos y tenerles paciencia.
"Nadie se da cuenta de que yo estoy en clara desventaja aquí", me dijo Del Toro en la meta el domingo. ¿Por qué?, le pregunté. "Porque los latinoamericanos tenemos otra formación, otra mentalidad y éste es un deporte controlado por ciertos países. También tengo que luchar y sobreponerme a ello".
No hay muchos caminos para Champs Elysee. Hay uno solo. Del Toro lo tomó y lo aprovechó.
X: @DavidFaitelson_
Una muestra de eso es cómo se ha conducido por décadas la Federación Mexicana de Ciclismo. Primero, anquilosada en el tiempo, un coto de poder para generar negocios y cuidar intereses particulares, donde el atleta pasa a segundo término. Y, así, otros ejemplos en diferentes especialidades.
El resultado de todo ello se significa en que un personaje como Del Toro, uno, otro verdadero milagro de la naturaleza deportiva mexicana, donde además se confirma la regla: no es un asunto de talento. Es un tema de oportunidades, desarrollo, paciencia, conocimiento e inversión.
Hace poco más de 3 décadas, antes de los Juegos Olímpicos de Seúl, el entonces Presidente electo, Carlos Salinas de Gortari, impulsado por las esencias del neoliberalismo, llamó a su oficina a Raúl González, legendario marchista mexicano, y le dijo: "Vamos a cambiar el deporte mexicano".
De ahí surgió la CONADE, que se convertía en un organismo paraestatal bajo el auspicio de la Secretaría de Educación. Ese paso le restaba poder al oligarca presidente del Comité Olímpico Mexicano, Mario Vázquez Raña, quien también controlaba a las federaciones deportivas -a través de la Codeme-. Esa reestructuración debía ser "el restart", "el switch off" que tanto necesitaba el deporte. Al principio, pareció funcionar, pero luego se tergiversó todo.
Recuerdo que Raúl González, inteligentemente, entendió que el deporte cambiaba, que el amateurismo se iba a la basura; que se requerían grandes inversiones y que, en un país como México, en el despertar de la democracia y una politización absoluta, había que hallar métodos para asegurar que fluyera el dinero para el desarrollo del deportista.
Creó o copió un sistema que funcionó en España de cara a los JO de 1992, donde la iniciativa privada -a través de empresas y un fideicomiso- participaba en el fomento al deporte. También eso se desvirtuó y se quedó en el camino.
En nuestro país, el Gobierno tiene muchas prioridades más allá de invertir en el deporte. Necesitamos que esa combinación, esa fórmula que logró llevar a Champs Elysee al "Torito", funcione de una manera más ordenada y clara.
El Gobierno (Conade) debe apoyar el deporte y, en efecto, las olimpiadas infantiles y juveniles son un modelo del éxito, pero luego necesitamos un "personaje" moral como lo fue Monex para que ese atleta reciba los recursos para competir, foguearse y mostrarse en el mejor nivel.
No hay otra manera de llevar nuestro sistema deportivo al siguiente nivel. Debe ser un esfuerzo común. Estoy seguro de que hay más talentos como Isaac en los desiertos del norte, el macizo montañoso del sureste o en las llanuras selváticas del sur. Hay que detectarlos, impulsarlos y tenerles paciencia.
"Nadie se da cuenta de que yo estoy en clara desventaja aquí", me dijo Del Toro en la meta el domingo. ¿Por qué?, le pregunté. "Porque los latinoamericanos tenemos otra formación, otra mentalidad y éste es un deporte controlado por ciertos países. También tengo que luchar y sobreponerme a ello".
No hay muchos caminos para Champs Elysee. Hay uno solo. Del Toro lo tomó y lo aprovechó.
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