Opinión #DavidFaitelson | 19-Mayo-2026
¿El mundo unido por un balón?
David Faitelson EN REFORMA
19 mayo 2026
Sería una mentira rotunda decir que hace 40 años estábamos mejor que hoy.
Vivíamos en los días finales de una "dictadura de partido" y alrededor de él, todo se desmoronaba. La tierra se había cimbrado como nunca meses antes y la ciudad parecía una película de Berlín después de la Segunda Guerra Mundial. La credibilidad de las autoridades, la calidad de vida y el peso... ¡Dios mío!, el peso hacía que el ceño de mi padre se frunciera aun más mientras mi madre salía cada vez con menos cosas en el carrito del Sumesa. El dinero se hacía plástico y con él también las ilusiones de una clase media que desparecía lenta y angustiosamente.
Pero, el Mundial, ¡el "Mexico 86"! nos dio una esperanza al final de ese pesado "túnel de la desgracia". Habíamos encontrado, a través del futbol, una manera de sonreír y creer. La ropa holgada y las atrevidas minifaldas. Los peinados de gran volumen fijados con "gel" y el cabello rizado y esponjoso, y las calles llenas de algarabía, de fiesta y de unión justo en aquella tarde del martes 3 de junio, cuando con goles de Quirarte y Hugo Sánchez Mexico se había presentado en el torneo venciendo a Belgica.
No entiendo por qué, hoy, cuando faltan 23 días para el inicio del tercer Mundial que albergará el País, no existe el mismo desenfreno de hace cuatro décadas. Hace una semana, me enteraba de que el gobierno federal había realizado una encuesta nacional donde las personas mostraban poco interés por el Mundial. ¿Cuál es la razón? ¿Por qué este Mundial no ha logrado generar la misma euforia? ¿Es la Selección? ¿Son los precios? ¿Es el momento social y político que vive México como nación? ¿Por qué este Mundial parece más "vivo" en los anuncios del segundo piso del periférico que en el corazón de las personas? No lo sé.
Pero, el Mundial, ¡el "Mexico 86"! nos dio una esperanza al final de ese pesado "túnel de la desgracia". Habíamos encontrado, a través del futbol, una manera de sonreír y creer. La ropa holgada y las atrevidas minifaldas. Los peinados de gran volumen fijados con "gel" y el cabello rizado y esponjoso, y las calles llenas de algarabía, de fiesta y de unión justo en aquella tarde del martes 3 de junio, cuando con goles de Quirarte y Hugo Sánchez Mexico se había presentado en el torneo venciendo a Belgica.
No entiendo por qué, hoy, cuando faltan 23 días para el inicio del tercer Mundial que albergará el País, no existe el mismo desenfreno de hace cuatro décadas. Hace una semana, me enteraba de que el gobierno federal había realizado una encuesta nacional donde las personas mostraban poco interés por el Mundial. ¿Cuál es la razón? ¿Por qué este Mundial no ha logrado generar la misma euforia? ¿Es la Selección? ¿Son los precios? ¿Es el momento social y político que vive México como nación? ¿Por qué este Mundial parece más "vivo" en los anuncios del segundo piso del periférico que en el corazón de las personas? No lo sé.
Empiezo por descartar la parte que realmente me corresponde como periodista deportivo. El futbol no es el "culpable". Si bien la Selección Mexicana no ha superado todavía el fracaso de hace 3 años y 7 meses en Qatar, la inconsistencia futbolística es algo a lo que evidentemente está acostumbrado el aficionado mexicano. Y sigue ahí, a pesar de las grandes esperanzas y desilusiones que el equipo mexicano le ha generado históricamente, incluyendo el Mundial de 1986.
El excesivo precio de los boletos podría ser una condicionante, pero no podemos medir la intensidad de un evento de esta magnitud a partir de 80 u 85 mil personas que tuvieron la fortuna o el dinero para conseguir una entrada al estadio. El Mundial es más que eso, mucho más y hace 40 años, también eran boletos caros -no tanto como hoy, es verdad- y las tribunas se llenaban de aficionados "distintos" a los que generalmente ocupaban los seguidores del América, Cruz Azul, Atlante o Necaxa.
Superados estos puntos, el tema nos conduce al clima social que priva en el País. Y, sin embargo, hasta eso no parece diferente a lo que vivíamos en los 80 del siglo anterior. Insisto: existíamos bajo el agobio de un partido y bajo la infamia de gobernantes que no conocían la vergüenza ni los límites y que lo único que hacían era "saquear" al País. El abucheo al presidente en la inauguración del Mundial fue una respuesta a ello.
La única explicación coherente se refiere a los nuevos tiempos en que vivimos. Es evidente que las nuevas generaciones consumen de otra forma, se comunican y hasta sienten de otra manera. Lo que hace 40 años parecía una oportunidad de mostrarnos ante el mundo, hoy, en un país completamente polarizado políticamente, parece una ocasión propicia para quejarse por lo que tenemos y hasta de lo que no tenemos. El futbol siempre ha sido considerado como catalizador de energía y un pretexto eficaz para unir a todos. Hoy, hay un enfoque distinto de cómo vivir, cómo soñar, ilusionarse, gozar, sufrir y hasta de cómo unirse. ¿El mundo unido por un balón? Eran otros tiempos.
X: @DavidFaitelson_
El excesivo precio de los boletos podría ser una condicionante, pero no podemos medir la intensidad de un evento de esta magnitud a partir de 80 u 85 mil personas que tuvieron la fortuna o el dinero para conseguir una entrada al estadio. El Mundial es más que eso, mucho más y hace 40 años, también eran boletos caros -no tanto como hoy, es verdad- y las tribunas se llenaban de aficionados "distintos" a los que generalmente ocupaban los seguidores del América, Cruz Azul, Atlante o Necaxa.
Superados estos puntos, el tema nos conduce al clima social que priva en el País. Y, sin embargo, hasta eso no parece diferente a lo que vivíamos en los 80 del siglo anterior. Insisto: existíamos bajo el agobio de un partido y bajo la infamia de gobernantes que no conocían la vergüenza ni los límites y que lo único que hacían era "saquear" al País. El abucheo al presidente en la inauguración del Mundial fue una respuesta a ello.
La única explicación coherente se refiere a los nuevos tiempos en que vivimos. Es evidente que las nuevas generaciones consumen de otra forma, se comunican y hasta sienten de otra manera. Lo que hace 40 años parecía una oportunidad de mostrarnos ante el mundo, hoy, en un país completamente polarizado políticamente, parece una ocasión propicia para quejarse por lo que tenemos y hasta de lo que no tenemos. El futbol siempre ha sido considerado como catalizador de energía y un pretexto eficaz para unir a todos. Hoy, hay un enfoque distinto de cómo vivir, cómo soñar, ilusionarse, gozar, sufrir y hasta de cómo unirse. ¿El mundo unido por un balón? Eran otros tiempos.
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