Opinión #ArturoBrizio | 19-Mayo-2026

 

Equipos grandes

Arturo Brizio EN REFORMA

19 mayo 2026


Cuando niños, la casa paterna estaba ubicada en un pintoresco grupo de calles cerradas, coronadas por un parque, denominada Rosario Xotepingo.


A un par de cuadras vivía la familia de Don Pedro Nájera, legendario futbolista del América y la Selección Nacional.

Con sus hijos, llevábamos una muy buena amistad, fincada, sobre todo, en el gusto por el futbol.

Asiduos asistentes al estadio Azteca, nos tocó presenciar una dolorosa, (para ellos), goliza propinada por el Cruz Azul al cuadro azulcrema.
Fue la primera vez que pudimos gozar los acrobáticos lances de Miguel Marín, la clase de Alberto Quintano, los desbordes de Eladio Vera y Fernando Bustos, así como la picardía de Horacio López Salgado.

De verdad que era un deleite ver jugar a ese cuadro, bautizado por Ángel Fernández como la "Máquina Celeste".

Años más tarde, mi padre, Don Arturo Brizio Ponce de León fue contratado como gerente de los Pumas y su primera encomienda fue ir a Río de Janeiro, con un maletín atiborrado de dólares para, como de película de James Bond, cambiarlos en el "mercado negro" y cerrar la transacción de dos jugadores de época: Spencer Coelho y Evanivaldo Castro "Cabinho".

De ahí nació un especial cariño por los colores azul y oro. El tiempo hizo lo que mejor sabe hacer: pasar y con el devenir del mismo, me convertí en árbitro de Primera División.

Infinidad de encuentros pude dirigir a este par de escuadras que, esta semana, dirimirán quien será el campeón, pero guardo con celo en la memoria, las Finales en las que fui designado como juez central.

Para la temporada 90-91, cuando todavía se jugaban los torneos largos, llegaron al juego definitivo las Águilas del América y los Pumas, partido a escenificarse en Ciudad Universitaria.

Ya era desde entonces un juego de alto riesgo, por las polémicas anteriores y la gran rivalidad. Un obús salido de la pierna derecha de Ricardo Ferreti, dio el título a los del Pedregal.

En el torneo 94-95, fueron los celestes finalistas ante Necaxa. Saltaron con etiqueta de favoritos, pero un vendaval rojiblanco los arrolló y fueron los Rayos quienes levantaron el trofeo.

Se acercaba el retiro y ya instalados en la era de los campeonatos bianuales, tocó en suerte encerrarse con la "Fiera" y los "Cementeros" en el cerrojazo al Invierno 97.

El estadio leonés lucía un lleno hasta las banderas y el juego, en tiempo normal, terminó empatado. Por esos ayeres estaba vigente la regla del "Gol de oro", equivalente al "que meta su gol, gana", del fut callejero.

En el tiempo extra se presentó una jugada en la que el arquero David Ángel Comizzo derribó a Carlos Hermosillo dentro del área.

Sancioné el penal y luego, el meta argentino pateó el rostro del delantero, infringiéndole una aparatosa cortadura a la altura de la ceja.

Con gran personalidad, Carlos tomó el balón, vengando la afrenta con el gol del campeonato.

Ahora, miraré cómodamente instalado en un sillón, quien es capaz de sentarse en el trono. Se trata, sin duda, de dos... equipos grandes.

 
X: @arturobrizioc

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