Opinión #DavidFaitelson | 27-Marzo-2026

 

Mi estadio

David Faitelson EN REFORMA

27 marzo 2026


Platea 223, del lado de Insurgentes. La mirada de mi padre, con la mano sobre la frente, tratando de taparse del sol en aquella mañana de domingo. Las risas, el sufrimiento, la emoción, las manos que me sudaban, la felicidad o incluso la tristeza. Era el vínculo entre un padre y un hijo y ocurría ahí, en el "Coloso", que es mucho más que cemento, ladrillos, butacas, escaleras. Para mí, un estadio es una cuestión de memoria y de vivencias. Un reencuentro con mi pasado, con lo que fui y con lo que soy. Pueden llamarle como sea: Azteca, Banorte o Ciudad de México. Para mí es el estadio a donde mi padre me llevaba de la mano y donde mi lazo con él se hacía más poderoso e indeleble.


"Mira", me decía mi papá mientras señalaba hacia la cancha y en específico hacia donde estaba el número 4 de aquel equipo que vestía de amarillo y azul. Y luego remataba "ese es el mejor de todos". Y el día se iba más rápido de lo que yo quería; se convertía en nada, en casi un suspiro contenido cuando Outes fallaba frente al marco o Cristóbal recuperaba un balón. Papá encendía un Marlboro de cajetilla roja, un vaso de refresco de cola para mí. La torta de jamón y queso que habíamos preparado en casa la noche anterior. El sonido de las cornetas, las porras del "siquitibum" que hoy parecen cursis y que eran maravillosas. El vendedor de botanas, las banderas, las familias. El letrero que promocionaba las paletas Tutsi-Pop. La voz de Melquiades Sánchez Orozco con aquel anuncio que hasta hoy me sé de memoria: "Televisiones y consolas Packard Bell...". Ese era domingo, mi domingo, en "mi estadio".

Los escenarios deportivos se han transformado con el paso del tiempo. La tecnología los ha convertido en modernas y fastuosas salas, con pantallas gigantes, aire acondicionado, suites de lujo, restaurantes, bares, elevadores y, en algunos casos, hasta techos retráctiles y concesionarias de automóviles. El primer mundo lo tenemos cerca. Los estadios de la NFL parecen sacados de cuentos de ciencia ficción. Se ha pensado más en un sitio donde entretenerse y pasarla bien, conozcas, te guste o no lo que estás viendo o tengas pasión para lo que ahí se está presentando.

La expectativa sobre la reinauguración del Estadio Azteca, hoy llamado Banorte (el banco habría puesto cerca de 150 millones de dólares para el remozamiento) se ha elevado de forma sustancial. Y creo que veremos mejoras trascendentes al interior del escenario, respetando claro, la arquitectura que le dio forma y estilo desde hace 6 décadas. Sin duda, desde los accesos, pasillos, rampas y baños, será un lugar con más facilidades para el espectador, pero el estadio tiene prohibido perder su esencia, su sabor, su vínculo con los recuerdos de cientos de miles de familias que han sido parte de su magia.
El Estadio Azteca -será complejo acostumbrarnos a llamarle con otro nombre- vale por lo que contiene en sus anales. Porque ahí Pelé fue levantado a hombros con un sombrero charro en la cabeza; porque en este estadio Maradona fincó su camino a la inmortalidad; porque es la casa del Tri; porque ahí el Papa Juan Pablo II ofició una misa multitudinaria; porque JC Chávez impuso ahí un récord Guinness mientras comprobaba su sitio en la historia de la cultura mexicana; porque ahí Carlos Reinoso le hizo un gol de fantasía al Boca Juniors; porqué ahí Zelada le detuvo aquel penalti a Cisneros en la llamada Final del siglo; porque ahí Miguel Herrera se contorsionó de alegría en aquella lluviosa noche del 26 de mayo del 2013; porque ahí la Selección de Lapuente dio la vuelta olímpica tras vencer a Brasil en una Copa Confederaciones; porque ahí Edu se inventó una rabona que resultó en un gol de antología y porque su paisano Antonio Carlos Santos logró una obra de arte ante el PSV Eindhoven; porque ahí América y Chivas comenzaron una épica bronca que les significó terminar en los separos de la Delegación Coyoacán; porque ahí Michael Jackson hizo retumbar su "Thriller" para la posteridad; porque en este escenario el Teletón se ha convertido en una esperanza para miles de familias; porque este fue un importante centro de acopio de alimentos y primeros auxilios tras los terribles terremotos de 1985; porque es un monumento viviente que, más allá del hormigón, tiene vida, sensibilidad, amor, pasión, odio e ilusión.

La verdad, no me importa si existen estadios con más lujos, avances o tecnología. Este es el estadio que me conecta con mis mejores recuerdos, que me inspira y me hace volver a vivir y a soñar con aquellos domingos del sol colándose entre las graderías, con las banderas, los gritos y los cánticos y, claro, con mi padre, con papá señalando hacia a Alfredo Tena. Mi estadio; siempre lo será...

 
 
X: @DavidFaitelson_

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