Opinión #DavidFaitelson | 10-Marzo-2026
La 'otra' Selección...
David Faitelson EN REFORMA
10 marzo 2026
Su semblante con los brazos cruzados, postrado poderoso sobre la segunda base, se ha transformado en un símbolo de un deporte. Al mismo tiempo, miles de aficionados eufóricos cantan desde la grada: "Randy, Randy, gracias por ser mexicano".
La leyenda urbana -nada que podamos confirmar- indica que la presión del entonces Presidente Andrés Manuel López Obrador logró que obtuviera la nacionalidad mexicana. La realidad es que, si no lo hubiera hecho él, lo habría hecho la tribuna del beisbol nacional.
Randy Lia Arozarena González, 31 años, Arroyos de Mantua, Pinar del Río, Cuba, es la imagen fresca de un deporte que ha reclamado identidad y poder en los últimos años.
El beisbol entendió, a través de la enseñanza de la propia MLB, que si abría su mente y buscaba al pelotero de origen mexicano -en algún momento, incorrecta y hasta discriminatoriamente llamado "pocho"- no solo no incurría en ninguna falta a las leyes del País, sino que elevaría su nivel competitivo. Y aquí están, jugando a un nivel de clase máxima que aspira a competirle a los mejores del mundo.
Randy Lia Arozarena González, 31 años, Arroyos de Mantua, Pinar del Río, Cuba, es la imagen fresca de un deporte que ha reclamado identidad y poder en los últimos años.
El beisbol entendió, a través de la enseñanza de la propia MLB, que si abría su mente y buscaba al pelotero de origen mexicano -en algún momento, incorrecta y hasta discriminatoriamente llamado "pocho"- no solo no incurría en ninguna falta a las leyes del País, sino que elevaría su nivel competitivo. Y aquí están, jugando a un nivel de clase máxima que aspira a competirle a los mejores del mundo.
El himno nacional retumba en el Estadio de los Astros que esa tarde cerró su techo. Los peloteros sostienen respetuosamente la gorra presionando el pecho, cercano al corazón. Algunos cantan y otros permanecen callados. El español predomina, pero podría no ser el idioma oficial del "clubhouse" del equipo mexicano. No podemos, sin embargo, quedarnos en los "tiempos de piedra".
No conozco ninguna ley de nuestra Constitución en la que se diga que el castellano es nuestro idioma oficial o que se deba hablarlo para ser mexicano. De segunda o tercera generación, hijos y nietos de personas que arriesgaron todo por una mejor vida y que, en su momento, enviaron o siguen enviando remesas para sostener nuestra economía. Esto es beisbol y por las venas de estos jugadores circula, de algún modo, sangre tricolor.
También hay algunos peloteros nacidos y formados en México que son base de este equipo. El catcher, por ejemplo, el capitán del conjunto y estrella de los Toronto Blue Jays, Alejandro Kirk, oriundo de Tijuana. Su capacidad para conducir a los pitchers y batear lo transforma ya, para muchos expertos, en el mejor receptor tricolor en la historia. "Cuando eres un niño siempre sueñas con esto. La realidad es que una cosa es soñar y otra más hacerlo", dice Kirk.
Otro de los grandes baluartes es el manager. Benjamín Gil ha demostrado un gran liderazgo. Su fama se ha extendido por los diamantes.
"Él está listo", me dice Vinicio Castilla, el legendario bateador de los Colorado Rockies y hoy coach de banca de Gil. "Tiene una tremenda personalidad, sabe manejar grupos y tiene una sensibilidad muy especial para entender el juego".
Decir que México es una potencia del beisbol es mentirle. La propia filosofía de Gil parece aclarar el panorama al respecto.
"¿Estados Unidos es mejor que nosotros? Sí, seguramente, pero nosotros queremos ser mejor que ellos hoy, solamente hoy". Es decir, lo que debe intentar cualquier atleta o equipo deportivo mexicano: competir al máximo nivel posible. Y esta Selección lo hace.
El personaje fundamental de esta transformación tiene nombre y apellido: Horacio de la Vega. El presidente de la LMB ha logrado atar los cabos, impulsar voluntades y ver lo que otros nunca vieron en la historia de este deporte. La fama de una Selección sería el eje de crecimiento definitivo de una actividad, por lo cual hay mucha pasión en el País. "Horacio ha sido clave para ponernos en otro nivel", me lo confiesa Gil.
Eran las tres de la mañana de una madrugada de abril de 2015 en el Caribe mexicano. El entonces adolescente volteó hacia el horizonte donde, entre la espesa niebla, divisaba, tenuemente, unas luces. Alguien en la pequeña lancha gritó: "¡Es México, es México! ¡Lo logramos!". Una lágrima escurría.
"Lo único que yo quería era darle una mejor vida a mi mamá y a mi familia. La idea era llegar a México y luego irme a EU, pero cuando pisé tierra mexicana, sentí algo diferente; luego me arroparon, me cuidaron y me hicieron lo que soy", cuenta Randy.
En las redes sociales, el éxito de esta novena parece utilizarse para "golpear" al futbol. Es un tema -hasta cierto punto- normal, lógico, porque lo que busca afanosamente el mexicano son historias inspiradoras de éxito y el futbol, por más difusión, apoyo y dinero que genera, no las encuentra. La "otra" Selección está al bate... Es su turno.
X: @DavidFaitelson_
No conozco ninguna ley de nuestra Constitución en la que se diga que el castellano es nuestro idioma oficial o que se deba hablarlo para ser mexicano. De segunda o tercera generación, hijos y nietos de personas que arriesgaron todo por una mejor vida y que, en su momento, enviaron o siguen enviando remesas para sostener nuestra economía. Esto es beisbol y por las venas de estos jugadores circula, de algún modo, sangre tricolor.
También hay algunos peloteros nacidos y formados en México que son base de este equipo. El catcher, por ejemplo, el capitán del conjunto y estrella de los Toronto Blue Jays, Alejandro Kirk, oriundo de Tijuana. Su capacidad para conducir a los pitchers y batear lo transforma ya, para muchos expertos, en el mejor receptor tricolor en la historia. "Cuando eres un niño siempre sueñas con esto. La realidad es que una cosa es soñar y otra más hacerlo", dice Kirk.
Otro de los grandes baluartes es el manager. Benjamín Gil ha demostrado un gran liderazgo. Su fama se ha extendido por los diamantes.
"Él está listo", me dice Vinicio Castilla, el legendario bateador de los Colorado Rockies y hoy coach de banca de Gil. "Tiene una tremenda personalidad, sabe manejar grupos y tiene una sensibilidad muy especial para entender el juego".
Decir que México es una potencia del beisbol es mentirle. La propia filosofía de Gil parece aclarar el panorama al respecto.
"¿Estados Unidos es mejor que nosotros? Sí, seguramente, pero nosotros queremos ser mejor que ellos hoy, solamente hoy". Es decir, lo que debe intentar cualquier atleta o equipo deportivo mexicano: competir al máximo nivel posible. Y esta Selección lo hace.
El personaje fundamental de esta transformación tiene nombre y apellido: Horacio de la Vega. El presidente de la LMB ha logrado atar los cabos, impulsar voluntades y ver lo que otros nunca vieron en la historia de este deporte. La fama de una Selección sería el eje de crecimiento definitivo de una actividad, por lo cual hay mucha pasión en el País. "Horacio ha sido clave para ponernos en otro nivel", me lo confiesa Gil.
Eran las tres de la mañana de una madrugada de abril de 2015 en el Caribe mexicano. El entonces adolescente volteó hacia el horizonte donde, entre la espesa niebla, divisaba, tenuemente, unas luces. Alguien en la pequeña lancha gritó: "¡Es México, es México! ¡Lo logramos!". Una lágrima escurría.
"Lo único que yo quería era darle una mejor vida a mi mamá y a mi familia. La idea era llegar a México y luego irme a EU, pero cuando pisé tierra mexicana, sentí algo diferente; luego me arroparon, me cuidaron y me hicieron lo que soy", cuenta Randy.
En las redes sociales, el éxito de esta novena parece utilizarse para "golpear" al futbol. Es un tema -hasta cierto punto- normal, lógico, porque lo que busca afanosamente el mexicano son historias inspiradoras de éxito y el futbol, por más difusión, apoyo y dinero que genera, no las encuentra. La "otra" Selección está al bate... Es su turno.
X: @DavidFaitelson_
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