Opinión #ArturoBrizio | 6-Marzo-2026
El amigo indispensable
Arturo Brizio EN REFORMA
06 marzo 2026
Cuando niños, Eduardo mi hermano y yo hacíamos usufructo de unas plateas en el Estadio Azteca, propiedad de mi tío Enrique Mariscal.
Dada la cercanía del hogar paterno al Coloso de Santa Úrsula, asistíamos a, prácticamente, todos los partidos.
Ahí vi por primera vez a un guardameta enfundado en los colores azulgranas.
De gran personalidad, muy buenos reflejos, valiente y aparte de todo, galán: Raúl Orvañanos.
Ahí vi por primera vez a un guardameta enfundado en los colores azulgranas.
De gran personalidad, muy buenos reflejos, valiente y aparte de todo, galán: Raúl Orvañanos.
Tras su prematuro retiro de las canchas, incursionó en los medios masivos de comunicación, creando un estilo ameno, mesurado y, sobre todo, mostrando sin alardes su conocimiento del juego.
Guardo en la memoria infinidad de encuentros que dirigí como árbitro con la narración de Orvañanos.
Más tarde, la vida permitió que estuviera cerca de él en muy bonitos proyectos, como La Jugada, porque decir "trabajé" sería ofensivo para un hombre que sabe hacer equipo y logra que todo a su alrededor fluya de manera agradable.
En Chapultepec 18, la oficina de Raúl era una permanente romería. Todos entraban y salían como si fuera su casa. Esa confianza la generaba el líder.
Recuerdo como anécdota que un domingo, antes de iniciar la emisión nocturna, un camarógrafo muy buena onda, de quien me enteré que bebía el día que lo vi sobrio, llegó hasta las manitas.
Raúl le dijo, con tono mesurado, que se fuera a su casa. El borrachín, como todo aquel que se precie de serlo, se puso necio y tuvo por respuesta un "mañana me lo vas a agradecer".
Por eso digo que, como jefe era un amigo y como amigo, es un Jefe.
Pues resulta que ha escrito un libro, cuya lectura resulta imperdible.
"Mi vida es el futbol" es el título y en él aborda su pasión por el balompié desde diversos ángulos.
Habla de su niñez y su familia, de cómo ingresó a las fuerzas básicas del América y la realización de sueño de debutar en Primera División con el Atlante.
Rinde un valiente testimonio de lo que quizá le faltó para redondear su carrera deportiva, ya que como decía George Best: "la mitad de mi fortuna la tire en mujeres y alcohol. La otra mitad de plano, la malgasté".
Cuenta también los tragos amargos de la profesión, como su abrupta salida de Televisa.
Llama la atención que lo hace sin la ponzoña del rencor, con veracidad y mostrando que se mantiene fresco de faz, de ideas y del alma.
Dice verdades de peso sobre el futbol mexicano y la Selección y la retahíla de nombres y hombres con los que convivió, mueven a la nostalgia y, frecuentemente a la risa.
En ese sentido, también es de carcajada el capítulo dedicado a "Los hombres de negro".
Rinde un hermoso homenaje a sus parejas de vida, en especial a la queridísima Olga Pescador, así como al fundamental papel de la familia en su desarrollo personal.
La galería de fotos es también muy completa.
Se trata de una obra con conceptos fuertes, pero de lectura fácil.
El día de ayer tuvo lugar la presentación en el auditorio de la Fundación Miguel Alemán A.C., con un lleno hasta las banderas.
El inmenso Juan Villoro escribió el prólogo y ahí llama a Raúl "El amigo necesario". Yo me atrevo a asegurar que es... el amigo indispensable.
X: @arturobrizioc
Guardo en la memoria infinidad de encuentros que dirigí como árbitro con la narración de Orvañanos.
Más tarde, la vida permitió que estuviera cerca de él en muy bonitos proyectos, como La Jugada, porque decir "trabajé" sería ofensivo para un hombre que sabe hacer equipo y logra que todo a su alrededor fluya de manera agradable.
En Chapultepec 18, la oficina de Raúl era una permanente romería. Todos entraban y salían como si fuera su casa. Esa confianza la generaba el líder.
Recuerdo como anécdota que un domingo, antes de iniciar la emisión nocturna, un camarógrafo muy buena onda, de quien me enteré que bebía el día que lo vi sobrio, llegó hasta las manitas.
Raúl le dijo, con tono mesurado, que se fuera a su casa. El borrachín, como todo aquel que se precie de serlo, se puso necio y tuvo por respuesta un "mañana me lo vas a agradecer".
Por eso digo que, como jefe era un amigo y como amigo, es un Jefe.
Pues resulta que ha escrito un libro, cuya lectura resulta imperdible.
"Mi vida es el futbol" es el título y en él aborda su pasión por el balompié desde diversos ángulos.
Habla de su niñez y su familia, de cómo ingresó a las fuerzas básicas del América y la realización de sueño de debutar en Primera División con el Atlante.
Rinde un valiente testimonio de lo que quizá le faltó para redondear su carrera deportiva, ya que como decía George Best: "la mitad de mi fortuna la tire en mujeres y alcohol. La otra mitad de plano, la malgasté".
Cuenta también los tragos amargos de la profesión, como su abrupta salida de Televisa.
Llama la atención que lo hace sin la ponzoña del rencor, con veracidad y mostrando que se mantiene fresco de faz, de ideas y del alma.
Dice verdades de peso sobre el futbol mexicano y la Selección y la retahíla de nombres y hombres con los que convivió, mueven a la nostalgia y, frecuentemente a la risa.
En ese sentido, también es de carcajada el capítulo dedicado a "Los hombres de negro".
Rinde un hermoso homenaje a sus parejas de vida, en especial a la queridísima Olga Pescador, así como al fundamental papel de la familia en su desarrollo personal.
La galería de fotos es también muy completa.
Se trata de una obra con conceptos fuertes, pero de lectura fácil.
El día de ayer tuvo lugar la presentación en el auditorio de la Fundación Miguel Alemán A.C., con un lleno hasta las banderas.
El inmenso Juan Villoro escribió el prólogo y ahí llama a Raúl "El amigo necesario". Yo me atrevo a asegurar que es... el amigo indispensable.
X: @arturobrizioc
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