Opinión #ArturoBrizio | 13-Marzo-2026
Esclavos modernos
Arturo Brizio EN REFORMA
13 marzo 2026
El sueño de ser futbolista profesional anida en el pecho de todo aquel que, de niño, jugó un partido de futbol.
No importa si fueron las "coladeritas" de mi infancia, el encuentro de "cuadra contra cuadra", una polvosa cancha llanera o las fuerzas básicas de alguna institución.
El embudo se angosta y la inmensa mayoría se queda con las ganas o la ilusión pasa a convertirse en frustración.
Algunos, pocos por cierto, reconocen que no les alcanzaba el presupuesto balompédico para llegar.
El embudo se angosta y la inmensa mayoría se queda con las ganas o la ilusión pasa a convertirse en frustración.
Algunos, pocos por cierto, reconocen que no les alcanzaba el presupuesto balompédico para llegar.
La inmensa mayoría habla de una hipotética fractura, casi siempre de rodilla o que algún vivales les pidió un dinero del que carecían.
Los elegidos, una vez instalados en el profesional, esperan confiados el ansiado debut, surgiendo entonces la famosa frase: "lo importante no es llegar, sino sostenerse".
En aquellos que logran afianzarse como titulares indiscutibles en su equipo, ya sea en nuestro país o allende las fronteras, surge otra quimera: vestir los colores de la Selección Nacional.
Ahora mismo estamos a noventa días para que ruede la pelota en la Copa del Mundo, organizada mayormente por los Estados Unidos, con participación de Canadá y México, todo esto bajo la mirada vigilante del "Gran Hermano", o sea la FIFA.
El equipo tricolor, comandado por Javier Aguirre, presenta bajas, algunas muy severas, por lesión. Las más graves ausencias son las de Jesús Orozco, Rodrigo Huescas, Luís Chávez y la reciente e infortunada fractura del arquero Luis Ángel Malagón.
Otros nueve elementos pasan por trances quizá menos peligrosos para su participación mundialista, pero que les podrían impedir llegar en plenitud. Ellos son César Montes, Edson Álvarez, César "Chino" Huerta, Santi Giménez, Henry Martín, Gilberto Mora, Luis Romo, Mateo Chávez y Alexis Vega.
En la actualidad, el atleta es sometido a una inhumana carga de trabajo. No solo es el entrenamiento habitual, sino la frecuencia de los partidos de alta competencia y los torneos metidos, a veces con calzador, en el calendario.
Sume usted a esto los largos y extenuantes viajes y el caldo de cultivo para las heridas y traumatismos queda en su punto.
El balompié moderno se he vuelto, además, un deporte sumamente brusco, la lucha por la posesión del balón denodada y el esfuerzo físico implacable.
El lesionado desea volver pronto y los médicos aplican remedios que inhiben el proceso inflamatorio natural. Esos "milagros" generan recaídas dolientes como las de Vega, Henry y Romo, solo por citar algunas.
El fenómeno se da en todo el orbe. Los grandes emporios invierten en partidos que deben jugarse a miles de kilómetros de la sede de los clubes, teniendo como principal destino los países árabes, hoy expuestos por una conflagración.
Mientras las cúpulas empresariales y deportivas se ponen de acuerdo, al jugador no le queda más que obedecer. Calzarse los botines, jugar para ganar, aunque esto ponga en riesgo la salud, los ha convertido en... esclavos modernos.
X: @arturobrizioc
Los elegidos, una vez instalados en el profesional, esperan confiados el ansiado debut, surgiendo entonces la famosa frase: "lo importante no es llegar, sino sostenerse".
En aquellos que logran afianzarse como titulares indiscutibles en su equipo, ya sea en nuestro país o allende las fronteras, surge otra quimera: vestir los colores de la Selección Nacional.
Ahora mismo estamos a noventa días para que ruede la pelota en la Copa del Mundo, organizada mayormente por los Estados Unidos, con participación de Canadá y México, todo esto bajo la mirada vigilante del "Gran Hermano", o sea la FIFA.
El equipo tricolor, comandado por Javier Aguirre, presenta bajas, algunas muy severas, por lesión. Las más graves ausencias son las de Jesús Orozco, Rodrigo Huescas, Luís Chávez y la reciente e infortunada fractura del arquero Luis Ángel Malagón.
Otros nueve elementos pasan por trances quizá menos peligrosos para su participación mundialista, pero que les podrían impedir llegar en plenitud. Ellos son César Montes, Edson Álvarez, César "Chino" Huerta, Santi Giménez, Henry Martín, Gilberto Mora, Luis Romo, Mateo Chávez y Alexis Vega.
En la actualidad, el atleta es sometido a una inhumana carga de trabajo. No solo es el entrenamiento habitual, sino la frecuencia de los partidos de alta competencia y los torneos metidos, a veces con calzador, en el calendario.
Sume usted a esto los largos y extenuantes viajes y el caldo de cultivo para las heridas y traumatismos queda en su punto.
El balompié moderno se he vuelto, además, un deporte sumamente brusco, la lucha por la posesión del balón denodada y el esfuerzo físico implacable.
El lesionado desea volver pronto y los médicos aplican remedios que inhiben el proceso inflamatorio natural. Esos "milagros" generan recaídas dolientes como las de Vega, Henry y Romo, solo por citar algunas.
El fenómeno se da en todo el orbe. Los grandes emporios invierten en partidos que deben jugarse a miles de kilómetros de la sede de los clubes, teniendo como principal destino los países árabes, hoy expuestos por una conflagración.
Mientras las cúpulas empresariales y deportivas se ponen de acuerdo, al jugador no le queda más que obedecer. Calzarse los botines, jugar para ganar, aunque esto ponga en riesgo la salud, los ha convertido en... esclavos modernos.
X: @arturobrizioc
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