Opinión #ArturoBrizio | 10-Marzo-2026
Séptimo piso
Arturo Brizio EN REFORMA
10 marzo 2026
El 9 de marzo de 1956, al filo de la 1 de la tarde, vino al mundo un rollizo bebé quien, al paso de las décadas, se convertiría en la persona que esto escribe.
Tuve una infancia con las limitaciones económicas de la llamada "clase media" en los 60, pero sumamente feliz, bajo la recia batuta de Don Arturo y la ternura de Doña Alicia. Fui el mayor de cuatro hermanos. Alumno destacado, estudié becado en el glorioso Instituto Don Bosco la primaria, secundaria y preparatoria.
Soñando con un mundo donde prevaleciera la justicia, me matriculé en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde abrevé en el conocimiento de grandes catedráticos, mujeres y hombres, quienes además de sus dotes profesionales, añadían la generosidad en el consejo.
Era el inicio de 1976 cuando descubrí lo que ha sido mi gran pasión: el arbitraje.
Soñando con un mundo donde prevaleciera la justicia, me matriculé en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde abrevé en el conocimiento de grandes catedráticos, mujeres y hombres, quienes además de sus dotes profesionales, añadían la generosidad en el consejo.
Era el inicio de 1976 cuando descubrí lo que ha sido mi gran pasión: el arbitraje.
Por esas fechas ya trabajaba y pude compaginar estudios, la pasantía en Derecho y, los fines de semana, dirigir partidos en polvosas y peligrosas canchas llaneras.
Ahí fui formando el carácter, entendiendo que el futbol lo debe ganar el mejor. En todo caso, el que más suerte tenga, pero nunca el tramposo o el violento.
De esa manera, germinó en mi ser la idea de ser un juez cero tolerancia al antideportivismo, convicción que me acompañó durante 22 años.
Hace 40 años contraje nupcias con el amor de mi vida, Armida Isela y juntos construimos una hermosa familia y un patrimonio. Mis bendiciones son Arturo, Gabriela y Andrea, sumadas al cariño de mi nuera Mariana y a la gloria de ser abuelo de Emilia Brizio Cuevas.
Dos eventos definieron mi forma de ver la vida: la tremenda lección del Mundial de Estados Unidos 94 y un terrible accidente automovilístico que sufrió mi vástago hará cosa de 20 años.
De la Copa del Mundo fui regresado a medio torneo, luego de no poder dirigir de manera adecuada el Italia vs. Nigeria.
La agonía de ver cerca la posibilidad de la muerte de un hijo, cambió mi visión para siempre.
Por ello, vivo bajo la premisa de entender la enorme fragilidad del ser humano. Esto no significa vivir con miedo sino, por el contrario, aprender a valorar cada cambio y en todo momento.
Respetar al que piensa diferente, ser cortés, establecer una comunicación asertiva y reír, reír mucho, son bálsamos que tranquilizan el alma.
Soy beneficiario del sagrado don de la salud y eso me permite gozar a mi familia y dedicarme a lo que me gusta. La vida ha sido pródiga al regalarme, quizá inmerecidamente, la amistad de seres extraordinarios.
Amigos tengo que vienen desde la lejana niñez, de la universidad, del futbol, del arbitraje, de la judicatura, de mi paso por la televisión, por la Comisión de Árbitros y por supuesto, al mejor de todos, mi hermano Eduardo.
He tratado de vivir con congruencia, reconociendo los muchos errores cometidos. Me considero un consentido de Dios y por ello, le doy las gracias cada mañana. Sobre todo, ahora que he llegado al... séptimo piso.
X: @arturobrizioc
Ahí fui formando el carácter, entendiendo que el futbol lo debe ganar el mejor. En todo caso, el que más suerte tenga, pero nunca el tramposo o el violento.
De esa manera, germinó en mi ser la idea de ser un juez cero tolerancia al antideportivismo, convicción que me acompañó durante 22 años.
Hace 40 años contraje nupcias con el amor de mi vida, Armida Isela y juntos construimos una hermosa familia y un patrimonio. Mis bendiciones son Arturo, Gabriela y Andrea, sumadas al cariño de mi nuera Mariana y a la gloria de ser abuelo de Emilia Brizio Cuevas.
Dos eventos definieron mi forma de ver la vida: la tremenda lección del Mundial de Estados Unidos 94 y un terrible accidente automovilístico que sufrió mi vástago hará cosa de 20 años.
De la Copa del Mundo fui regresado a medio torneo, luego de no poder dirigir de manera adecuada el Italia vs. Nigeria.
La agonía de ver cerca la posibilidad de la muerte de un hijo, cambió mi visión para siempre.
Por ello, vivo bajo la premisa de entender la enorme fragilidad del ser humano. Esto no significa vivir con miedo sino, por el contrario, aprender a valorar cada cambio y en todo momento.
Respetar al que piensa diferente, ser cortés, establecer una comunicación asertiva y reír, reír mucho, son bálsamos que tranquilizan el alma.
Soy beneficiario del sagrado don de la salud y eso me permite gozar a mi familia y dedicarme a lo que me gusta. La vida ha sido pródiga al regalarme, quizá inmerecidamente, la amistad de seres extraordinarios.
Amigos tengo que vienen desde la lejana niñez, de la universidad, del futbol, del arbitraje, de la judicatura, de mi paso por la televisión, por la Comisión de Árbitros y por supuesto, al mejor de todos, mi hermano Eduardo.
He tratado de vivir con congruencia, reconociendo los muchos errores cometidos. Me considero un consentido de Dios y por ello, le doy las gracias cada mañana. Sobre todo, ahora que he llegado al... séptimo piso.
X: @arturobrizioc
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