Columna #ReformaSanCa | 13-Marzo-2026
El Tuzopleito
San Cadilla EN REFORMA
13 marzo 2026
Una penosa escena protagonizaron los futbolistas Enner Valencia y Luis Quiñones en el último partido del Pachuca, cuando estuvieron cerca de los golpes tras el triunfo del sábado sobre el Puebla.
A pesar de que Quiñones solo estuvo unos 14 minutos en la cancha desde su ingreso al 85', eso le bastó para provocar la cólera de su compañero Enner, dizque por una jugada en la que no se entendieron, pero el conflicto fue tan evidente que hasta los altos mandos tuvieron que intervenir... pero vayamos por partes.
Pachuca sufrió muchísimo para vencer como local al Puebla, en particular porque estuvo contra la pared desde el minuto 19, cuando fue expulsado Carlos Sánchez. Como pudo, el equipo se las ingenió para doblegar a una poco ambiciosa Franjita, con un gol al 86', precisamente de Enner.
El asunto que cuando todo debería ser felicidad y camaradería, se encendieron los ánimos entre el ecuatoriano Valencia y el colombiano Quiñones.
Pachuca sufrió muchísimo para vencer como local al Puebla, en particular porque estuvo contra la pared desde el minuto 19, cuando fue expulsado Carlos Sánchez. Como pudo, el equipo se las ingenió para doblegar a una poco ambiciosa Franjita, con un gol al 86', precisamente de Enner.
El asunto que cuando todo debería ser felicidad y camaradería, se encendieron los ánimos entre el ecuatoriano Valencia y el colombiano Quiñones.
Diiicen las malas lenguas que más allá de algún pase mal dado, entre esos futbolistas hay un pique desde los entrenamientos y hay quien teme que si se hace grandote podría dividir al grupo.
Apenas terminó el juego, comenzaron los reclamos. La discusión subió tanto de tono, que por nada llegan a los golpes en la cancha del Estadio Hidalgo.
Enner quería comerse vivo a Quiñones. Tan enfurecido estaba que se requirió de dos jugadores para contenerlo; los pacifistas fueron Salomón Rondón y Víctor Guzmán. A Quiñones lo tuvo que calmar el defensa René López. Eso sí, ninguno escatimó en insultos hacia su compañero.
Si algo ha caracterizado al Grupo Pachuca es que no solo celebran las victorias, sino la imagen al conseguirlas, y sin duda que escenas así son muuuy mal vistas al interior de la institución.
Diiicen que por ello, ni tardo ni perezoso, el presidente Armando Martínez tomó cartas en el asunto, reunió a los peleoneros y les metió una buena regañiza, para que no olviden a qué club y valores representan.
Como el patrón intervino, a los delanteros no les quedó de otra que poner cara de niños regañados y zanjar la discusión con un apretón de manos.
Así que sobre advertencia no hay engaño: Quiñones y Valencia ya saben que si arman otro pancho como el del sábado las puertas del club podrían abrírseles de par en par. El Pachuca no piensa tolerar papelones de este tipo.
Peeero, como la fricción ya viene gestándose tiempo atrás, habrá que estar muy pendientes del desempeño de los angelitos desde mañana en la visita al Atlético de San Luis, no vaya a ser que por ahí uno de ellos se niegue a darle el balón al otro, o le tire una pelota muy comprometida o simple y sencillamente se haga el desentendido.
La pólvora está bieeen seca y cualquier cosita puede encender la mecha.
Mail: sancadilla@reforma.com
X: @ReformaSanCa
Apenas terminó el juego, comenzaron los reclamos. La discusión subió tanto de tono, que por nada llegan a los golpes en la cancha del Estadio Hidalgo.
Enner quería comerse vivo a Quiñones. Tan enfurecido estaba que se requirió de dos jugadores para contenerlo; los pacifistas fueron Salomón Rondón y Víctor Guzmán. A Quiñones lo tuvo que calmar el defensa René López. Eso sí, ninguno escatimó en insultos hacia su compañero.
Si algo ha caracterizado al Grupo Pachuca es que no solo celebran las victorias, sino la imagen al conseguirlas, y sin duda que escenas así son muuuy mal vistas al interior de la institución.
Diiicen que por ello, ni tardo ni perezoso, el presidente Armando Martínez tomó cartas en el asunto, reunió a los peleoneros y les metió una buena regañiza, para que no olviden a qué club y valores representan.
Como el patrón intervino, a los delanteros no les quedó de otra que poner cara de niños regañados y zanjar la discusión con un apretón de manos.
Así que sobre advertencia no hay engaño: Quiñones y Valencia ya saben que si arman otro pancho como el del sábado las puertas del club podrían abrírseles de par en par. El Pachuca no piensa tolerar papelones de este tipo.
Peeero, como la fricción ya viene gestándose tiempo atrás, habrá que estar muy pendientes del desempeño de los angelitos desde mañana en la visita al Atlético de San Luis, no vaya a ser que por ahí uno de ellos se niegue a darle el balón al otro, o le tire una pelota muy comprometida o simple y sencillamente se haga el desentendido.
La pólvora está bieeen seca y cualquier cosita puede encender la mecha.
Mail: sancadilla@reforma.com
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