Opinión #DavidFaitelson | 24-Febrero-2026

 

Guerra

David Faitelson EN REFORMA

24 febrero 2026


Nunca olvidaré la mirada de mi madre aquel 6 de octubre de 1973. Aquella madrugada, bajo el sonido de las sirenas y de los aviones que sobrevolaban sobre nuestro pueblo, conocí, sin saberlo, en el rostro de mi madre, la zozobra y el miedo de lo que significa estar en medio de una guerra...


México está por hacer historia: Puede convertirse en el primer país -en muchos años- en organizar un evento deportivo masivo internacional bajo un estado donde, sin exageración, podemos hablar de una guerra.

La realidad fue siempre la misma: México, como nación, no estaba preparado para ser sede de una Copa Mundial de futbol. No podemos tapar el sol con un dedo.

Estamos en medio de un conflicto, una batalla entre un gobierno que por muchos años solapó y hasta se compaginó en los intereses de grupos delictivos. Hoy, ese gobierno, la autoridad, parece, nuevamente, dispuesta a combatirles y, en medio de ese enfrentamiento, estamos nosotros, la población civil, rezando para que una bala perdida no termine con nuestra vida. ¿Podemos así recibir a miles de visitantes en el verano venidero?
Entre la realidad evidente, la negación de algunos y la falsedad de otros. El Mundial llegará en 32 días a Guadalajara (para el Repechaje Intercontinental), una ciudad, hoy, sumergida en el enfrentamiento y sin garantía alguna de seguridad. Y en este convulso México, llevamos todo a una polarización política. Yo no soy ni "chairo" ni "fifí", ni de un partido u otro, ni de la "4T" o del "ala conservadora", simplemente soy un mexicano más atemorizado y preocupado. Hacer el Mundial aquí es un riesgo.

Los Mundiales de futbol han sido históricamente influenciados por conflictos bélicos, provocando cancelaciones, cambios de sede y tensiones políticas. Las ediciones de 1942 y 1946 fueron suspendidas por la Segunda Guerra Mundial, pero la historia no recuerda a un país organizador con una violencia tan marcada.

La Liga MX decidió postergar el juego de la Jornada 7 que Querétaro y Ciudad Juárez deberían disputar en La Corregidora el domingo por la noche y el encuentro de la Liga MX Femenil, en Aguascalientes, entre Necaxa y Querétaro, fue interrumpido cuando, en apariencia, se escucharon detonaciones en las inmediaciones del Estadio Victoria. Por segunda vez en la historia del futbol mexicano (la primera fue en el 2011, en un Santos-Morelia varonil en el Estadio TSM) se observa a las futbolistas corriendo, agachadas, con desesperación hacia los vestidores. Una imagen dantesca que pronto le dio la vuelta al mundo.

El 10 de abril de 2017, bajo el gobierno del priista Enrique Peña Nieto, México, empujado por Estados Unidos y Canada se unió para pedir la sede conjunta del Mundial del 2026. El 13 de junio del 2018, en Moscú, la Asamblea de la FIFA les designó como ganadores. ¿Qué ha pasado desde aquel entonces? Nada o quizá mucho, porque es indudable que la violencia ha ido en aumento año tras año, sexenio con sexenio.

Los mexicanos caminamos por las calles con desconcierto. Transitamos por las carreteras con miedo. Entramos a un supermercado en estado de alerta. Es el México que vivimos y no tiene nada que ver, insisto, con una postura política. No podemos desvirtuar la realidad.

Y entiendo que, si la FIFA o el Comité Olímpico Internacional buscaran solo a países "modelos" para sedes de Mundiales o de Juegos Olímpicos, la lista se reduciría considerablemente. Pero lo que hemos visto a partir del domingo por la mañana ha sido una tierra en llamas, con una violencia casi generalizada y con instituciones y autoridades que no son capaces de garantizar nada. Cuando un país decide suspender clases y declara un "toque de queda" disfrazado con el "no salgan de sus casas si no es necesario", quiere decir que las cosas han llegado a niveles extremos.

En 1968, el Comité Olímpico Internacional le dio el visto bueno a México para organizar los Juegos cuando a días de la ceremonia de inauguración se suscitó un importante movimiento estudiantil. No fue una decisión sencilla para el gobierno de Gustavo Diiaz Ordaz, pero hay una diferencia clara con lo que sucede hoy: Aquellos no eran delincuentes, eran estudiantes, profesionistas que luchaban por una causa justa.

La FIFA no tiene mucho tiempo ni espacio hacia donde hacerse, pero la verdad es que está por llevar su "fiesta futbolística" a un territorio que, nos guste o no, está en guerra.

Recién había cumplido cinco años. Tomé la mano de mi madre para descender a aquel búnker obscuro cuya superficie utilizábamos para jugar al futbol en los recreos. Para mí, parecía una aventura divertida mientras las sirenas sonaban por todo el pueblo y los destellos luminosos acaparaban el cielo como si fuese un espectáculo de fuegos pirotécnicos. Más tarde, entendería que estuve en medio de una batalla que se conocería como la "Guerra de Yom Kipur". Nunca he podido olvidar el rostro de terror de mi madre mientras me apretujaba a su cuerpo. Cincuenta años después, reconozco esa misma cara, esa misma mirada en muchas madres mexicanas cuando sus hijos salen de casa para afrontar el México real.

 
X: @DavidFaitelson_

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