Opinión #DavidFaitelson | 20-Febrero-2026
No te puedes esconder
David Faitelson EN REFORMA
20 febrero 2026
Se ha vuelto casi un tema trascendental. Es mucho más grave de lo que parece y por ahora es imposible cuantificar el daño que provoca en muchos seres humanos que persiguen sus sueños a través de los todavía idílicos ideales del deporte. Es un nuevo reto. Lo debes afrontar. No te puedes esconder.
Algunos le llaman "los nuevos tiempos". Otros se quejan de que vivimos en una "generación de cristal" y hay quienes exigen una regulación de las autoridades, aunque sea de las deportivas. Todo ello ocurre mientras el mundo del deporte se vuelve cada vez más y más violento. Ocurre en la cancha, donde un futbolista es capaz de taparse la boca con la camiseta al tiempo en que le dice "mono" a un compañero de profesión y ocurre en las redes sociales donde la presión hace pedazos al patinador artístico Ilia Malinin, quien estaba llamado a ser el gran protagonista de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026. Todo es presión y luego violencia.
"Yo no veo mis redes sociales", me dice el goleador de las Chivas, Armando González. "No hay nada bueno para mí ahí".
Pero la pregunta es ¿puede, realmente, un ser humano, ya no digamos deportista, sustraerse por completo de las redes sociales? Eso sería tanto como vivir en el aislamiento o quizá esconderse en lugar de afrontar una realidad.
"Yo no veo mis redes sociales", me dice el goleador de las Chivas, Armando González. "No hay nada bueno para mí ahí".
Pero la pregunta es ¿puede, realmente, un ser humano, ya no digamos deportista, sustraerse por completo de las redes sociales? Eso sería tanto como vivir en el aislamiento o quizá esconderse en lugar de afrontar una realidad.
Me considero un periodista al que le gusta la polémica. Y a veces exagero, me equivoco o incluso acierto, pero cuando leo las impresiones que vierten sobre mí, me da escalofrío. Luego, reacciono y entiendo que en el cobarde anonimato de ese universo cualquier cosa es posible. Comprendo que hay muchas personas que, si bien no están enfermas patológicamente, están dañadas o, sencillamente, no tuvieron la oportunidad de tener mi niñez, mis padres, mis valores y mis enseñanzas. Y que quede claro: no hay que ir a Harvard para aprender sobre respeto y valores. Eso, por fortuna o por infortunio, te lo dan en casa.
Los padres de esta generación están inmersos en un dilema: ¿cómo hacer que sus hijos no sean "devorados" por ese fenómeno?
Cuando tenía 7, 8 años, caminaba desde mi casa, en la Glorieta de Iztaccíhuatl, hasta el Parque México y ahí corría, pateaba la pelota, gritaba y me divertía. No existían los celulares. No teníamos instagram, Tik Tok o Facebook, pero encontrábamos la manera de convivir. Ya no veo hoy a niños jugando en la calle -entiendo que es un tema de inseguridad-, pero cada vez que tengo ocasión de "convivir" con mis sobrinos, los veo absortos en la pantalla como si fuese una droga de la cual no pueden desprenderse. Los padres, también, han entendido que ese es el camino para mantenerlos ocupados y se desentienden, los dejan a merced de todo el odio y el bullying que existe en ese universo. A veces pienso que eso siempre existió y que los desconocíamos porque no contábamos con las formas de comunicación que tenemos hoy. En la evolución del ser humano, las ventajas de la modernidad son innegables, pero permanece el dilema sobre si realmente es una evolución satisfactoria.
Los deportistas afrontan hoy algo que hace 30 años no existía. Una retroalimentación permanente. Alguna es buena y pareciera una manera de mantenerse cerca de la gente; la otra parte es negativa y parece imposible, entre insultos, acusaciones, odio y rencor, encontrar algo mínimamente constructivo.
"He tratado de ignorar lo que dicen de mí", explicaba el patinador estadounidense Malinin, quien era considerado el más grande aspirante al oro y que comenzó la rutina de la Final nervioso, tambaleante, derrotado, como nunca se le había visto. "Esto es una competencia y la gente debe entender que soy un ser humano antes de un atleta perfecto".
Entiendo que no todas las mentes reaccionan de la misma forma cuando leen o escuchan cosas sobre su persona, su físico, su religión, su color de piel y hasta su género. Hemos visto como un futbolista legendario como Javier Hernández se ha "hundido" en el pensamiento filosófico que parecen darle los "coaches mentales". Ahora puedo entender gran parte de la forma en la cual se ha comportado el ex futbolista de Chivas: ha buscado un refugio en donde aislarse. Es solo una forma de protegerse de lo que lee, escucha y ve a su alrededor. Él escogió dar la cara de otra manera.
No creo que la solución para el deportista sea alejarse de las redes sociales. No le conviene desaparecer de ese mundo virtual que, bien aprovechado le puede abrir nuevas oportunidades de proyección y de negocios. El atleta de nuestros días debe estar preparado para afrontar todo lo que encuentra en las plataformas digitales. Aprovechar lo escasamente positivo y desechar lo destructivo. Suena fácil, pero la presión es inmensa. El manejo de las emociones hoy, más que nunca, es una condición tan importante como la capacidad técnica o física de desarrollar un deporte al más alto nivel posible.
X: @DavidFaitelson_
Los padres de esta generación están inmersos en un dilema: ¿cómo hacer que sus hijos no sean "devorados" por ese fenómeno?
Cuando tenía 7, 8 años, caminaba desde mi casa, en la Glorieta de Iztaccíhuatl, hasta el Parque México y ahí corría, pateaba la pelota, gritaba y me divertía. No existían los celulares. No teníamos instagram, Tik Tok o Facebook, pero encontrábamos la manera de convivir. Ya no veo hoy a niños jugando en la calle -entiendo que es un tema de inseguridad-, pero cada vez que tengo ocasión de "convivir" con mis sobrinos, los veo absortos en la pantalla como si fuese una droga de la cual no pueden desprenderse. Los padres, también, han entendido que ese es el camino para mantenerlos ocupados y se desentienden, los dejan a merced de todo el odio y el bullying que existe en ese universo. A veces pienso que eso siempre existió y que los desconocíamos porque no contábamos con las formas de comunicación que tenemos hoy. En la evolución del ser humano, las ventajas de la modernidad son innegables, pero permanece el dilema sobre si realmente es una evolución satisfactoria.
Los deportistas afrontan hoy algo que hace 30 años no existía. Una retroalimentación permanente. Alguna es buena y pareciera una manera de mantenerse cerca de la gente; la otra parte es negativa y parece imposible, entre insultos, acusaciones, odio y rencor, encontrar algo mínimamente constructivo.
"He tratado de ignorar lo que dicen de mí", explicaba el patinador estadounidense Malinin, quien era considerado el más grande aspirante al oro y que comenzó la rutina de la Final nervioso, tambaleante, derrotado, como nunca se le había visto. "Esto es una competencia y la gente debe entender que soy un ser humano antes de un atleta perfecto".
Entiendo que no todas las mentes reaccionan de la misma forma cuando leen o escuchan cosas sobre su persona, su físico, su religión, su color de piel y hasta su género. Hemos visto como un futbolista legendario como Javier Hernández se ha "hundido" en el pensamiento filosófico que parecen darle los "coaches mentales". Ahora puedo entender gran parte de la forma en la cual se ha comportado el ex futbolista de Chivas: ha buscado un refugio en donde aislarse. Es solo una forma de protegerse de lo que lee, escucha y ve a su alrededor. Él escogió dar la cara de otra manera.
No creo que la solución para el deportista sea alejarse de las redes sociales. No le conviene desaparecer de ese mundo virtual que, bien aprovechado le puede abrir nuevas oportunidades de proyección y de negocios. El atleta de nuestros días debe estar preparado para afrontar todo lo que encuentra en las plataformas digitales. Aprovechar lo escasamente positivo y desechar lo destructivo. Suena fácil, pero la presión es inmensa. El manejo de las emociones hoy, más que nunca, es una condición tan importante como la capacidad técnica o física de desarrollar un deporte al más alto nivel posible.
X: @DavidFaitelson_
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