Opinión #ArturoBrizio | 17-Febrero-2026

 

Confusión de Conceptos

Arturo Brizio EN REFORMA

17 febrero 2026


El International Board, órgano de la FIFA encargado de la instrumentación reglamentaria en el balompié, introdujo una nueva norma, con la cual se busca elevar el rango disciplinario en el terreno de juego.


El dictado va en el sentido de que sea solo el capitán el facultado para dialogar con el árbitro.

Por supuesto que la medida -en el fondo- está bien pensada, estructurada y debe de rendir frutos, erradicando la prepotencia de algunos de los antes llamados hombres de negro.

Sin embargo, en Ligas como la de nuestro País, algunas competiciones en Latinoamérica y particularmente el torneo español, le ha salido al Board el chirrión por el palito.
Quien porta el gafete no busca dialogar, sino protestar cada decisión del nazareno, lo cual ha estado y sigue en vigencia, prohibido por el reglamento.

Desaprobar con palabras o gestos las decisiones arbitrales es causa de amonestación, independientemente de quién o cómo lo haga, sin que el capitán de una escuadra posea derechos especiales en ese sentido.

Hay tres jugadores que son ejemplos emblemáticos de esta confusión entre el diálogo y el reclamo, a saber: Erik Lira, de Cruz Azul; Fernando Gorriarán, de Tigres, y el toluqueño Marcel Ruiz.

La coincidencia radica en que el trío juega en equipos cuyo director técnico es argentino.

La "asesoría" al silbante se exacerba cuando se trata de un novato. No hay marcación, hasta de un saque de banda, donde no falte el manoteo, la interpelación y la falta de modales de quien debería poner el ejemplo y de sus compañeros.

Desgraciadamente, los jóvenes colegiados no parecen estar dispuestos a pagar el impuesto para llegar al estrellato, empezando por poner orden en sus partidos.

El encuentro jugado el fin de semana entre Toluca y Xolos fue un tutorial de cómo se aprieta al juez.

El árbitro fue Joaquín Vizcarra, haciendo su séptima aparición, y solo faltó que Ruiz -secundado por Paulinho- lo agarrara a nalgadas.

Recuerdo que allá por 1988, fui designado a un torneo clasificatorio para el Mundial Sub 20, a efectuarse en Arabia Saudita.

La sede era Buenos Aires y jugaban todas las selecciones de Sudamérica.

En el juego inaugural, al primer silbatazo en contra, todos los integrantes de la Albiceleste -guardameta incluido- rodeaban al árbitro en turno, profiriendo toda clase de improperios. ¿El resultado? A partir de ahí, arbitraban los argentinos, con una táctica que, obvio, venía del vestuario.

El distintivo lo portaba, ni más ni menos, que Diego Pablo "Cholo" Simeone y también alineaba Antonio "Turco" Mohamed.

Lo antideportivo de la conducta del capitán escarlata adquiere tintes dramáticos al ser un integrante de la Selección Nacional.

En la Copa del Mundo no va a encontrar la blandura ni la manga ancha que se tiene en México.

Una tarjeta amarilla equivale a tener el 50 por ciento de posibilidades de ser suspendido.

Ojalá se clarifique esta situación, pues pensar que el capitán, por el hecho de serlo, puede interpelar al impartidor de justicia, es una evidente... confusión de conceptos.

 
X: @arturobrizioc

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