Columna #SanCadilla | 4-Febrero-2026
Ya ni llorar es bueno
San Cadilla EN MURAL
04 febrero 2026
Sí, ya sé, ya sé, mis niños rojinegros, que ahorita no quieren saber de nada y que nadie les hable porque a la menor provocación se me van a prender.
Los entiendo. Una vez más, para sumar ooootro amargo capítulo a la historia, se consumó la salida de Uros Durdevic a los Rayados de Regiolandia. A ver, pongan cara de sorprendidos... no se crean, entiendo que hoy no aguantan bromas.
Desde hace muuuchos años terminó la era romántica del futbol, no sólo en el lado tenochca, sino en el mundo. Es complicado que, si un club no cuenta con los recursos o no genera altos ingresos, pueda mantener la base de una plantilla o conservar a sus figuras.
En el Atlas hay un caso especial, como lo es Camilo Vargas, quien sí ha sido tentado en algún momento también por Monterrey y Cruz Azul, pero el portero colombiano optó por quedarse con los Rojinegros, al parecer hasta su retiro.
Desde hace muuuchos años terminó la era romántica del futbol, no sólo en el lado tenochca, sino en el mundo. Es complicado que, si un club no cuenta con los recursos o no genera altos ingresos, pueda mantener la base de una plantilla o conservar a sus figuras.
En el Atlas hay un caso especial, como lo es Camilo Vargas, quien sí ha sido tentado en algún momento también por Monterrey y Cruz Azul, pero el portero colombiano optó por quedarse con los Rojinegros, al parecer hasta su retiro.
De ahí en fuera, históricamente el Atlas se ha desprendido rápidamente de jugadores que la afición ha querido y con los que se ha identificado por sus goles, su entrega en la cancha y, claro, por su carisma.
En esta honorable columna ya les había contado las tristes salidas abruptas de Eduardo Berizzo y Robert de Pinho, y que, después, explorando en la memoria, salen otros más como Robert Dante Siboldi, Bruno Marioni y sí, hasta Rafita Márquez luego del subcampeonato en el Verano 99, aunque aquí vale la explicación de que fue una venta de crecimiento y aplaudida por medio mundo. Aunque dolió, todos querían que se fuera y triunfara.
En aquel entonces, Ricardo La Volpe contaba con el defensa central para el siguiente torneo, pero hizo su acto de aparición el Mónaco para llevarse a Rafa, y al que le tuvieron que decir "gracias, pero siempre no" fue al delantero Gustavo Giampietri, quien ya estaba entrenando con el Atlas. Al irse Giampietri, de emergencia se contrató a un tal Diego Martín Cocca, quien con el tiempo se convertiría en el técnico rojinegro que rompería la maldición de los 70 años sin títulos de Liga en el Atlas.
Pero sin desviarnos del tema central, entendemos la rabia que sienten los fans del Atlas, porque apenas se encariñan con un jugador y se los venden, y así es difícil que un aficionado tenga sentido de pertenencia con su equipo.
PEQUEÑAS DIFERENCIA$
Y ya que andamos entrados en este tema del fulbol (léase con tono de La Volpe), el dinero y las camisetas, déjenles cuento qué pasaba con algunos juveniles del Atlas cuando acudían a las diversas categorías de la Selección Mexicana.
Cuando llegaba la convocatoria al club, ¡pum!, todo era risas y dulzura... pero los directivos rojinegros y de algunos otros equipos topaban contra la pared porque, al terminar la estancia con el Tricolor, comenzaba la novela.
Estando con el seleccionado, los juveniles de los Orr eran mejores, incluso, que los del América y demás, pero en las charlas después de las comidas salía desde luego el tema económico:
-"¿Cuánto te están dando, hermano?"
Y el del América, bien quitado de la pena, contestaba:
-"No, pos tanto".
-"¿Quééé?, ¿en serio?"
Imagínense: los del Atlas ganando sus clásicos contratos de 8, 10, 12 o 15 mil pesos, y en otros equipos, con menos calidad, los jugadores se metían 80 o 100 mil. Claro que los futbolistas, a la primera de cambio, lo que querían era dejar al Atlas, porque el mercado estaba muy disparejo.
Ahora imagínense esas cifras multiplicadas en los ambientes de jugadores consolidados. Ok, ahí tienen la respuesta, que tiene que ver con muchos ceros. El caso de "Djuka" es uno, pero son muchísimos ejemplos de cómo las buenas ofertas económicas terminan mandando.
DEL AMOR AL HATE...
Los americanistas hablaban de Allan Saint-Maximin como un dios del futbol y ahora casi lo quieren enviar a la hoguera.
Al francés no le vieron ni el polvo, pero no en la cancha, sino a la hora de emprender la huida a Francia con el argumento de que el racismo lo golpeó.
Fue sumamente raro que solo pasaran unas horas de su arribo a Francia para que el Lens presentara al delantero como refuerzo. No me digan que en 2 días te da tiempo de colocarte en el sublíder de la Ligue 1 tras rescindir tu contrato en México...
Y justo esto último me hizo recordar otros casos en los que los futbolistas se marcharan del Nido en situaciones por demás extrañas.
Hace algunos años en el América se quedaron con una sensación extraña tras la partida de Pedro Aquino, el jugador todoterreno en la etapa de Santiago Solari (entre 2021 y 2022), pero quien perdió relevancia con Fernando Ortiz.
Si bien nadie cuestionó el temor que pudo sentir Aquino tras sufrir una extorsión, en el club siempre le brindaron el apoyo psicológico y jurídico para que superara el trauma.
Cuentan las malas lenguas que mucho antes de que el peruano argumentara que ya no podía más con el miedo, en Coapa ya se había esparcido la versión de que Aquino buscaría terminar anticipadamente su vínculo laboral, molesto por la falta de minutos.
No será ni el primero... ni el último.
Mail: san.cadilla@mural.com.mx
X: @SanCadilla
En esta honorable columna ya les había contado las tristes salidas abruptas de Eduardo Berizzo y Robert de Pinho, y que, después, explorando en la memoria, salen otros más como Robert Dante Siboldi, Bruno Marioni y sí, hasta Rafita Márquez luego del subcampeonato en el Verano 99, aunque aquí vale la explicación de que fue una venta de crecimiento y aplaudida por medio mundo. Aunque dolió, todos querían que se fuera y triunfara.
En aquel entonces, Ricardo La Volpe contaba con el defensa central para el siguiente torneo, pero hizo su acto de aparición el Mónaco para llevarse a Rafa, y al que le tuvieron que decir "gracias, pero siempre no" fue al delantero Gustavo Giampietri, quien ya estaba entrenando con el Atlas. Al irse Giampietri, de emergencia se contrató a un tal Diego Martín Cocca, quien con el tiempo se convertiría en el técnico rojinegro que rompería la maldición de los 70 años sin títulos de Liga en el Atlas.
Pero sin desviarnos del tema central, entendemos la rabia que sienten los fans del Atlas, porque apenas se encariñan con un jugador y se los venden, y así es difícil que un aficionado tenga sentido de pertenencia con su equipo.
PEQUEÑAS DIFERENCIA$
Y ya que andamos entrados en este tema del fulbol (léase con tono de La Volpe), el dinero y las camisetas, déjenles cuento qué pasaba con algunos juveniles del Atlas cuando acudían a las diversas categorías de la Selección Mexicana.
Cuando llegaba la convocatoria al club, ¡pum!, todo era risas y dulzura... pero los directivos rojinegros y de algunos otros equipos topaban contra la pared porque, al terminar la estancia con el Tricolor, comenzaba la novela.
Estando con el seleccionado, los juveniles de los Orr eran mejores, incluso, que los del América y demás, pero en las charlas después de las comidas salía desde luego el tema económico:
-"¿Cuánto te están dando, hermano?"
Y el del América, bien quitado de la pena, contestaba:
-"No, pos tanto".
-"¿Quééé?, ¿en serio?"
Imagínense: los del Atlas ganando sus clásicos contratos de 8, 10, 12 o 15 mil pesos, y en otros equipos, con menos calidad, los jugadores se metían 80 o 100 mil. Claro que los futbolistas, a la primera de cambio, lo que querían era dejar al Atlas, porque el mercado estaba muy disparejo.
Ahora imagínense esas cifras multiplicadas en los ambientes de jugadores consolidados. Ok, ahí tienen la respuesta, que tiene que ver con muchos ceros. El caso de "Djuka" es uno, pero son muchísimos ejemplos de cómo las buenas ofertas económicas terminan mandando.
DEL AMOR AL HATE...
Los americanistas hablaban de Allan Saint-Maximin como un dios del futbol y ahora casi lo quieren enviar a la hoguera.
Al francés no le vieron ni el polvo, pero no en la cancha, sino a la hora de emprender la huida a Francia con el argumento de que el racismo lo golpeó.
Fue sumamente raro que solo pasaran unas horas de su arribo a Francia para que el Lens presentara al delantero como refuerzo. No me digan que en 2 días te da tiempo de colocarte en el sublíder de la Ligue 1 tras rescindir tu contrato en México...
Y justo esto último me hizo recordar otros casos en los que los futbolistas se marcharan del Nido en situaciones por demás extrañas.
Hace algunos años en el América se quedaron con una sensación extraña tras la partida de Pedro Aquino, el jugador todoterreno en la etapa de Santiago Solari (entre 2021 y 2022), pero quien perdió relevancia con Fernando Ortiz.
Si bien nadie cuestionó el temor que pudo sentir Aquino tras sufrir una extorsión, en el club siempre le brindaron el apoyo psicológico y jurídico para que superara el trauma.
Cuentan las malas lenguas que mucho antes de que el peruano argumentara que ya no podía más con el miedo, en Coapa ya se había esparcido la versión de que Aquino buscaría terminar anticipadamente su vínculo laboral, molesto por la falta de minutos.
No será ni el primero... ni el último.
Mail: san.cadilla@mural.com.mx
X: @SanCadilla
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