Opinión #DavidFaitelson | 30-Enero-2026

 

Morbo

David Faitelson EN REFORMA

30 enero 2026


En la plataforma de streaming, el número de seguidores se incrementaba notablemente a cada paso que daba. Un pie en la cornisa, una mano en la ventana, la mirada en la cúpula de los 508 metros. Subía, no dejaba de subir, mientras el morbo se extendía por las redes como si fuese una droga incontrolable. El deporte y el espectáculo se convertían, literalmente, en un asunto de vida o muerte.


El escalador estadounidense Alex Honnold, famoso por escalar sin cuerdas, hizo historia el fin de semana pasado al ascender el edificio Taipei 101. La odisea, transmitida en vivo por Netflix, duró aproximadamente una hora y 31 minutos, escalando la fachada del undécimo edificio más alto del mundo sin protección.

El peligroso antecedente del domingo en Taiwan podría llevar a la industria del entretenimiento a rebasar una frontera nunca antes explorada: la de un "espectáculo", en este caso de carácter deportivo, que satisface un interés obsesivo del espectador para atestiguar si el personaje o el atleta sobreviven a la prueba.

Honnold, habrá que decirlo, es un atleta connotado. En su experiencia ya cuenta con un ascenso a la pared de Yosemite, "El Capitán", de 914 metros que incluyó un documental que fue muy visto y criticado. Pero, el ascenso al "Taipei 101" ha probado que las nuevas generaciones consumen este tipo de desafíos a gran escala y que este tipo de eventos y retos prometen multiplicarse en el futuro.
Hay muchos deportes que poseen un inherente riesgo en su práctica. Empezando por el automovilismo, siguiendo por los deportes de contacto (boxeo, artes marciales mixtas, taekwondo, karate, judo) o el mismo futbol americano.

En los últimos años, hemos visto como la famosa marca de bebidas energéticas austriaca, Red Bull, se ha especializado en promover eventos de una naturaleza extrema, que van desde vehículos de velocidad, aeronáutica, paracaidismo, escalada de montañas y deportes invernales, pero nada se compara a lo que el californiano Honnold hizo esta vez: tomar un rumbo en el que no había espacio para el error. Un momento de distracción no le daría una segunda oportunidad de vivir. Esto ha dejado de ser "extremo" para tomar otro carácter, otro rumbo, otro tipo de connotaciones.

Muchas investigaciones en los últimos 30 años han vinculado la elevación del índice de violencia en el mundo con prácticas o distracciones que en el pasado no teníamos los seres humanos.

Para empezar, los juegos electrónicos pasaron del novedoso Atari de inicios de los setenta y la inocencia del "Pong", un simulador de tenis de mesa con dos barras y una pelota, a los juegos que simulan batallas de planetas, de galaxias y que incluyen las armas más sofisticadas.

La polémica serie surcoreana "El Juego del Calamar" se restringió para niños y escuelas en varios países (Francia, Bélgica, Australia y partes de Estados Unidos). "Creo que nos dimos cuenta de que algo andaba mal cuando en un recreo, en la cancha de futbol, vimos como los niños imitaban el juego que habían visto la noche anterior en la tableta", cuenta Jennifer Chestain, la directora de una escuela primaria en Canton, Ohio.

El lunes, unas horas después de la "hazaña" de Honnold, las autoridades tuvieron que detener a varios jóvenes que intentaban escalar el edificio de oficinas en la capital taiwanesa.

El morbo es una enfermedad. He sido testigo de que la gente lo busca afanosamente en ciertos eventos de naturaleza deportiva: en el boxeo, por ejemplo, se ha desvirtuado la manera en que el aficionado de hoy quiere sangre, drama y desvanecimiento en cada pelea.

Lo mismo ocurre con la UFC y ese tipo de espectáculos. Los toros, por ejemplo, la estúpidamente llamada "fiesta taurina", ha ido en decadencia por una mayor consciencia en cuanto al maltrato animal, pero aquellos "descerebrados" que la siguen apoyando parecen disfrutar del momento en que el llamado "matador" enfrenta al animal de impresionante cornamenta y más de 500 kilogramos, sin la certeza de que volverá a casa esa noche.

El morbo. Vivimos en una sociedad insaciable, que no le basta con apreciar y disfrutar un buen punto en el tenis, de una canasta espectacular, de la ejecución de un gol maravilloso o de una anotación cargada de una demostración físico-atlética admirable.

Necesitamos morbo, una sustancia que penetra a nuestro cuerpo como una droga y que nos permite encender la televisión o sintonizar el streaming para ver si el hombre que escala un edificio, sin ninguna clase de protección, es capaz de sobrevivir. Dígame usted si no es esta la verdadera decadencia del ser humano...

 
 
X: @David_Faitelson

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