Opinión #DavidFaitelson | 30-Diciembre-2025
La única esperanza...
David Faitelson EN REFORMA
30 diciembre 2025
Es casi una ley de física: a menor expectativa, mayor es el triunfo. Y hoy por hoy parece la única esperanza a la que puede aferrarse el futbol mexicano de cara al Campeonato Mundial del que será anfitrión en el año que está por comenzar.
La realidad es irrefutable: este equipo de futbol no ofrece ninguna garantía y parece muy decidido a desaprovechar otra histórica oportunidad de tener un Mundial en casa. Y es que puede tener el estadio (el mítico Azteca), el clima, la altitud, la contaminación y, claro, el apoyo popular, pero nada de eso servirá si no se sustenta con un conjunto que juegue bajo una idea colectiva clara, eficiente y con la suficiente personalidad para afrontar el reto que significa ser locales.
Todo eso está lejos de suceder, tras otro proceso malogrado, atrofiado y contaminado por los intereses del juego. Poco más de 3 años después del estrepitoso fracaso de Qatar, poco o nada ha cambiado en nuestro sistema futbolístico. Seguimos haciendo exactamente lo mismo y hemos vuelto a desperdiciar tiempo valioso en un ejercicio que incluyó tres diferentes entrenadores, un presidente de Federación, un Comisionado y un notable distanciamiento entre los dueños de clubes. No entendimos jamás que, tras aquella amarga noche en Lusail, había que reconstruir al futbol mexicano desde sus cimientos y darle otro rumbo, otra idea y otro fin. Seguimos igual, o quizá hasta un poco peor.
El entonces comisionado Juan Carlos Rodríguez tomó el "camino más seguro" -o el que él supuso seguro- con un entrenador forjado en la experiencia de dos Mundiales anteriores y con un bagaje que ningún otro director mexicano ha tenido. Y Javier Aguirre trajo cierta calma en medio del vendaval, pero nadie tomó en cuenta que un entrenador depende siempre de sus futbolistas y en este caso, los futbolistas, nuestra materia prima, parece ser parte de una generación afectada por las propias decisiones que los dirigentes han tomado.
Todo eso está lejos de suceder, tras otro proceso malogrado, atrofiado y contaminado por los intereses del juego. Poco más de 3 años después del estrepitoso fracaso de Qatar, poco o nada ha cambiado en nuestro sistema futbolístico. Seguimos haciendo exactamente lo mismo y hemos vuelto a desperdiciar tiempo valioso en un ejercicio que incluyó tres diferentes entrenadores, un presidente de Federación, un Comisionado y un notable distanciamiento entre los dueños de clubes. No entendimos jamás que, tras aquella amarga noche en Lusail, había que reconstruir al futbol mexicano desde sus cimientos y darle otro rumbo, otra idea y otro fin. Seguimos igual, o quizá hasta un poco peor.
El entonces comisionado Juan Carlos Rodríguez tomó el "camino más seguro" -o el que él supuso seguro- con un entrenador forjado en la experiencia de dos Mundiales anteriores y con un bagaje que ningún otro director mexicano ha tenido. Y Javier Aguirre trajo cierta calma en medio del vendaval, pero nadie tomó en cuenta que un entrenador depende siempre de sus futbolistas y en este caso, los futbolistas, nuestra materia prima, parece ser parte de una generación afectada por las propias decisiones que los dirigentes han tomado.
La falta de confianza que ha tenido el futbol mexicano en sus propios jugadores, una Liga de consumo, voraz, en la cual cada quien "jala agua para su molino" y poca visión para producir más y mejores futbolistas y llevarlos a terminar de forjarse en las Ligas más competitivas del mundo. Sabíamos muy bien lo que hacíamos. Pensamos que esas decisiones no afectarían la sustentabilidad futbolística cuando era más que lógico que así ocurriera. Hoy, cuando tenemos el Mundial en casa, enfrentamos esta penosa situación.
No importa si es Sudáfrica, Corea del Sur o Dinamarca. El nivel de los rivales no es tan importante como las carencias de nuestra Selección. Y con lo visto hasta hoy, cualquiera puede complicarse, más allá de que estamos, insisto, ante una histórica ocasión de jugar cinco partidos en casa (uno en Guadalajara y hasta cuatro en el Azteca). Creo que ello, el hecho de ser locales, puede generar una presión mayor alrededor la Selección Mexicana.
En la cancha, Aguirre ha buscado, casi con desesperación, un estilo que sea el adecuado para presentar un equipo que pueda competir. Hoy, con la cuenta regresiva en modo dramático, sigue buscándolo mientras trata de resolver dudas en la mayor parte de las zonas del campo. No ha encontrado un portero, un lateral derecho, un volante por el mismo lado y futbolistas que, desde el área de creación, sean capaces de generar futbol, ideas, profundidad, oportunidades de gol.
El equipo depende de un centrodelantero consolidado en la prestigiosa Premier League como Raúl Jiménez. El resto, con todo respeto y hasta sin él, navega entre grandes dudas. La mayoría, mostrando un nivel disímbolo entre lo que hacen en sus clubes y lo que logran cuando se visten "de verde".
No hay tiempo para milagros -si es que, acaso, existen en el futbol-. Tampoco parece existir espacio para encontrar ese nivel de juego y nuestro futbol no depende ni ha dependido nunca de figuras individuales que puedan remediar la situación por si solos. El chico Gilberto Mora es muy joven todavía para adoptar esa responsabilidad. Es una esperanza más de ese jugador con el que siempre hemos soñado.
Si me preguntan hoy, creo que México está predestinado al fracaso en el tercer Mundial que hará en casa, pero el futbol es caprichoso y muchas veces depende de circunstancias que, lejos de ser paranormales, son parte incluyente del juego.
A lo único que podemos aferrarnos hoy es a que, al degradar nuestras expectativas, aumentamos las posibilidades de que el éxito, por menor que sea, genere un ambiente distinto entre los jugadores, el entrenador y los aficionados. Y que los resultados lleguen. Es la única esperanza.
X: @DavidFaitelson_
No importa si es Sudáfrica, Corea del Sur o Dinamarca. El nivel de los rivales no es tan importante como las carencias de nuestra Selección. Y con lo visto hasta hoy, cualquiera puede complicarse, más allá de que estamos, insisto, ante una histórica ocasión de jugar cinco partidos en casa (uno en Guadalajara y hasta cuatro en el Azteca). Creo que ello, el hecho de ser locales, puede generar una presión mayor alrededor la Selección Mexicana.
En la cancha, Aguirre ha buscado, casi con desesperación, un estilo que sea el adecuado para presentar un equipo que pueda competir. Hoy, con la cuenta regresiva en modo dramático, sigue buscándolo mientras trata de resolver dudas en la mayor parte de las zonas del campo. No ha encontrado un portero, un lateral derecho, un volante por el mismo lado y futbolistas que, desde el área de creación, sean capaces de generar futbol, ideas, profundidad, oportunidades de gol.
El equipo depende de un centrodelantero consolidado en la prestigiosa Premier League como Raúl Jiménez. El resto, con todo respeto y hasta sin él, navega entre grandes dudas. La mayoría, mostrando un nivel disímbolo entre lo que hacen en sus clubes y lo que logran cuando se visten "de verde".
No hay tiempo para milagros -si es que, acaso, existen en el futbol-. Tampoco parece existir espacio para encontrar ese nivel de juego y nuestro futbol no depende ni ha dependido nunca de figuras individuales que puedan remediar la situación por si solos. El chico Gilberto Mora es muy joven todavía para adoptar esa responsabilidad. Es una esperanza más de ese jugador con el que siempre hemos soñado.
Si me preguntan hoy, creo que México está predestinado al fracaso en el tercer Mundial que hará en casa, pero el futbol es caprichoso y muchas veces depende de circunstancias que, lejos de ser paranormales, son parte incluyente del juego.
A lo único que podemos aferrarnos hoy es a que, al degradar nuestras expectativas, aumentamos las posibilidades de que el éxito, por menor que sea, genere un ambiente distinto entre los jugadores, el entrenador y los aficionados. Y que los resultados lleguen. Es la única esperanza.
X: @DavidFaitelson_
Comentarios
Publicar un comentario