Opinión #ArturoBrizio | 30-Diciembre-2025
Feliz Año
Arturo Brizio EN REFORMA
30 diciembre 2025
Relativamente temprano en mi carrera como árbitro ocurrieron dos hechos fundamentales: casi al mismo tiempo debuté en Segunda División y empecé a salir como juez de línea en el Máximo Circuito.
Esto no implicaba un asunto menor, dado que el estar en los grandes partidos iba generando conocimiento de jugadores, técnicos, prensa y un laboratorio para experimentar la sensación de estar aprendiendo con cada designación.
Debo reconocer que como "bandera" era bastante malito. Por ello, merecen todo mi respeto los hoy llamados árbitros asistentes, dado que esas mujeres y hombres prácticamente carecen del derecho a equivocarse.
La velocidad del juego exige toda su concentración y atención, capacidades que me fueron negadas por el Creador.
Debo reconocer que como "bandera" era bastante malito. Por ello, merecen todo mi respeto los hoy llamados árbitros asistentes, dado que esas mujeres y hombres prácticamente carecen del derecho a equivocarse.
La velocidad del juego exige toda su concentración y atención, capacidades que me fueron negadas por el Creador.
Además, compartir vestuario y cancha con los principales jueces de aquella época constituía una especie de beca. Obvio, había de todos colores y sabores en ese microcosmos que era el arbitraje de élite.
Hubo grandes compañeros que fueron generosos en el consejo; otros más reservados e incluso de quienes comprendí lo que no quería para mi futuro, pero a todos agradezco su aportación.
El otro aspecto, ser juez central de la división de ascenso tenía mucho "chiste". Era una Liga brava, con jugadores duros, algunos veteranos que ya venían de salida, estadios llenos y público perrón que no se tentaba el corazón para apretar al silbante en turno.
Algunas de esas plazas memorables eran Veracruz, Tampico, Salamanca, Zamora, Zacatepec, Unión de Curtidores, Celaya, solo por mencionar algunas.
Otros cuadros tuvieron su paso y su peso, como León, Pachuca, Atlas y hasta los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
En esos heroicos días ni siquiera soñaba con tener automóvil, así que los viajes los realizaba en modesto camioncito.
Además, los viáticos que nos daban eran una broma, por lo que ibas y regresabas el mismo día.
Pues resulta que fui designado a un juego en La Piedad, Michoacán, un 31 de diciembre a las 4 de la tarde.
El partido se efectuó y luego con mis compañeros de equipo fuimos a comer y tomar algo, ya que después de arbitrar, entraba sed de la perversa.
Todo esto para hacer tiempo, ya que el autobús que venía procedente de Guadalajara hacía escala a las 10 de la noche.
Subí al transporte, tomé mi asiento y quedé dormido profundamente, como si hubiera dirigido acertadamente.
De pronto, entre un crujir de láminas y chirriar de frenos, noté que el camión se detenía. Todo modorro, abrí un ojo y distinguí al chofer parado en medio del pasillo.
¿Qué habrá pasado?, me pregunté, pero rápido salí de dudas. El audaz piloto nos anunciaba que eran las 12 de la noche e invitaba a la treintena de pasajeros a descender para darnos el tradicional abrazo.
Por supuesto que era otra época, con seguridad y buenos modales, así que luego de abrazar a los viajeros, chofer incluido, deseé desde lo más profundo de mi corazón a toda la banda, así como lo hago ahora con usted, un muy... Feliz Año.
X: @arturobrizioc
Hubo grandes compañeros que fueron generosos en el consejo; otros más reservados e incluso de quienes comprendí lo que no quería para mi futuro, pero a todos agradezco su aportación.
El otro aspecto, ser juez central de la división de ascenso tenía mucho "chiste". Era una Liga brava, con jugadores duros, algunos veteranos que ya venían de salida, estadios llenos y público perrón que no se tentaba el corazón para apretar al silbante en turno.
Algunas de esas plazas memorables eran Veracruz, Tampico, Salamanca, Zamora, Zacatepec, Unión de Curtidores, Celaya, solo por mencionar algunas.
Otros cuadros tuvieron su paso y su peso, como León, Pachuca, Atlas y hasta los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
En esos heroicos días ni siquiera soñaba con tener automóvil, así que los viajes los realizaba en modesto camioncito.
Además, los viáticos que nos daban eran una broma, por lo que ibas y regresabas el mismo día.
Pues resulta que fui designado a un juego en La Piedad, Michoacán, un 31 de diciembre a las 4 de la tarde.
El partido se efectuó y luego con mis compañeros de equipo fuimos a comer y tomar algo, ya que después de arbitrar, entraba sed de la perversa.
Todo esto para hacer tiempo, ya que el autobús que venía procedente de Guadalajara hacía escala a las 10 de la noche.
Subí al transporte, tomé mi asiento y quedé dormido profundamente, como si hubiera dirigido acertadamente.
De pronto, entre un crujir de láminas y chirriar de frenos, noté que el camión se detenía. Todo modorro, abrí un ojo y distinguí al chofer parado en medio del pasillo.
¿Qué habrá pasado?, me pregunté, pero rápido salí de dudas. El audaz piloto nos anunciaba que eran las 12 de la noche e invitaba a la treintena de pasajeros a descender para darnos el tradicional abrazo.
Por supuesto que era otra época, con seguridad y buenos modales, así que luego de abrazar a los viajeros, chofer incluido, deseé desde lo más profundo de mi corazón a toda la banda, así como lo hago ahora con usted, un muy... Feliz Año.
X: @arturobrizioc
Comentarios
Publicar un comentario