Columna #DavidFaitelson | 29-Agosto-2023

 

Odio

David Faitelson EN REFORMA

29 agosto 2023


El "odio", enmascarado en el anonimato, está inmerso en el torrente sanguíneo de las redes sociales y por ende, en el de nuestra sociedad. Los llamados "haters" se han vuelto protagonistas hambrientos, insaciables, desafiando limites, olvidando, por completo, algún tipo de educación o de valor para agredir y para lastimar.


Y lo más increíble del asunto es que, al menos yo, no me dedico a ofrecer puntos de vista ni de política ni de algún otro tema de interés esencial en la vida nacional. No, yo opino de futbol, de boxeo, de béisbol, de temas tan banales, triviales, intrascendentes que, aun así, despiertan los sentidos más lúgubres y bajos del ser humano. Como si fuese un pecado decir que la anotación con la que el América empató el sábado fue un "gol fantasma", porque, según mi opinión, no existió una toma contundente que decretara que el balón atravesó la línea de meta. Esa simple observación, donde puedo estar acertado y también completamente equivocado, genera una serie de reacciones y calificativos que van desde mi intelecto, pasando por algunas particularidades de mi físico y hasta amenazas de muerte.

Los tiempos de las redes sociales nos han mostrado un rostro de la sociedad que yo, la verdad, desconocía. Quizá existía desde mis días de adolescente, pero no había forma de saberlo. Hoy, esa comunicación nos ha abierto un canal muy saludable en muchos sentidos de una vida más justa y cercana, y, también, un escenario donde ondea la bandera del odio y la repugnancia, claro, casi siempre amparados por la valentía que otorga el anonimato.


Tengo más de 4 millones de seguidores en Twitter y otros cuántos miles en Instagram, Facebook, Tik Tok y demás, y la mayor parte de ellos son críticos -haters-. Algunos, unos cuantos, ofrecen posturas interesantes sobre ciertos temas y da gusto leerles y responderles, pero, la mayor parte, están ahí para "disparar" a quemarropa: ofender, lastimar, agredir, y ensuciar.
Siempre he creído que el mayor problema de México parte desde la educación, una educación que no debe de ser entendida como la chica o el chico que va a cierta escuela a cubrir materias y pasar grados o que tiene la fortuna de asistir a una prestigiosa universidad. No, esta educación, se brinda en casa, es gratuita, se "mama" de la madre, del padre, de los abuelos, de los hermanos y tiene que ver con principios claros de convivencia, de respeto, de tolerancia, de nobleza y de amor. Creo que vivimos en una sociedad lastimada y descompuesta. La calle es el primer termómetro de ello y las redes sociales ratifican que esa "fiebre" se ha elevado hasta convertirse en una gran enfermedad.
El domingo, mientras asistía a una agradable reunión familiar, decidí compartir orgulloso, como padre que soy, el hecho de que mi hija de 21 años hizo un esfuerzo para correr parte -no completo- el Maratón Internacional de la Ciudad de México. Ella nació en México, pero vive en Berkeley, California, donde cursa el segundo año de la carrera de biología molecular. Unos minutos después de la publicación, empezaron las reacciones. Y ya no se trataba de mí, sino de mi hija, una niña inocente, no culpable de nada -incluyendo de mis críticas deportivas- valiente y educada que corrió al cuarto a enjuagarse las lágrimas por la reacción de las redes sociales. Cometí un error. Yo tengo la piel curtida. Me importa poco o nada de lo que digan sobre mí, pero no debo mezclar a nadie de mi familia en ese "ejercicio" voraz lleno de odio y de maldad. No lo vuelvo a hacer.

Lo más extraño del tema es que yo recorro frecuentemente explanadas de estadios, aeropuertos, centros comerciales y calles y nunca ha aparecido uno de esos "valientes" y "aguerridos" haters para decirme lo que piensan en la cara. Fotos, autógrafos, abrazos y sonrisas. Los haters sólo respiran en el anonimato.
Violencia desmedida en las ciudades, en los pueblos, en las casas y en la calles. Una sociedad cada día más fragmentada y descompuesta que se manifiesta con sed de revancha, de rencor y de odio en las redes sociales. Y eso que, dicen, algunos, que este mundo es mejor que el de antaño. Está bien. Les creo.

 
Twitter: @Faitelson_ESPN

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